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Responsabilidad Social: Un regalo de Navidad

Unión familiar

Para la familia Zavala, este año la Navidad tiene un cariz particular. En el mes de abril, las primas hermanas, sin dudar, aceptaron la invitación para ayudar en la campaña denominada “En esta Navidad, regalá un hogar”, a beneficio de la construcción de un hogar para los abuelitos de la fundación San Pío, que hace años viene organizando la arquitecta María Inés Barrail junto con los hermanos franciscanos capuchinos. Y como si un plan divino conspirara, todos los que participaron en la causa encontraron mil razones para celebrar. El amor contagia a todos los que se detienen a apreciar esta gran historia plasmada en los pesebres en miniaturas, en donde las figuras despiertan toda la atención.

Por Gabriela Fariña

High Class Diciembre 2017 - Responsabilidad Social Pesebres Familia Zavala Fundación San Pío Arquitecta María Inés Barrail

Ileana Ferrario Zavala, rodeada de las hermanas Montserrat y Macarena Achón Zavala

Una representación de la vida y del amor, ese es el sentido del pesebre que se acomoda en Navidad, toda vez que se recuerda el nacimiento de Cristo. Este año, miles de hogares paraguayos celebrarán esta fecha con un matiz especial. Su presencia invoca la alegría y su creación es el presagio de que se avecina la cristalización de un sueño, de un hogar, al punto de hacerlo habitable. La obra expresa el sentido profundo del hogar, ya que a través de él se contempla a María, José y el Niño que son la Sagrada Familia.

La historia de estos pesebres en miniatura nace de las manos de los hermanos franciscanos capuchinos y la arquitecta María Inés Barrail, quienes voluntariamente, hace varios años, vienen organizando la campaña navideña para dicha comunidad. La consigna de este año es “En esta Navidad, regalá un hogar”, cuya finalidad es recaudar fondos para la construcción del hogar de adultos mayores de la Fundación San Pío, en el barrio Trinidad.

“La idea de representar la Sagrada Familia en el proyecto, desde el principio, fue el objetivo central que trazamos con los hermanos capuchinos, puesto que San Francisco de Asís fue el primero que se inspira en el nacimiento de Jesús en siglos pasados y lo representa en un pesebre. Este año logramos materializar el concepto y llegar a miles de hogares con este símbolo navideño, que irradia luz y amor”, relata la arquitecta, quien considera a San Pío como su guía espiritual.

Desde inicios de este año, la arquitecta viene trabajando en sinergia con los hermanos capuchinos, buscando propuestas que reflejen el estilo franciscano. “Para lograrlo, contactamos con Ileana Ferrario Zavala, ya que conocíamos su trabajo artesanal, cargado de mucho sentimiento. En respuesta, ella nos ofrece trabajar en conjunto con sus primas, quienes son artesanas misioneras. En abril, nos juntamos a tirar ideas; el siguiente mes compramos todos los materiales y en junio empezamos a elaborar los pesebres con todo el equipo”, según comenta la ideóloga del proyecto solidario.

High Class Diciembre 2017 - Responsabilidad Social Pesebres Familia Zavala Fundación San Pío Arquitecta María Inés Barrail

De una familia para otra

Más allá de las muestras de ingenio, Ileana Ferrario Zavala, las hermanas Alejandra, Lucía y Carolina Abente Zavala, y las hermanas Macarena y Montserrat Achón Zavala, primas por parte de la familia materna, han puesto todo de sí por cumplir el sueño del hogar, sin contemplar el trabajo, el tiempo, ni el cansancio que este represente. Con manos de hadas, en arduos meses lograron 15.000 piezas, 5.000 pesebres en total. Su dedicación fue seguida de cerca por toda la familia.

“La invitación por parte de la arquitecta María Inés surge tras haber realizado trabajos con El Almacén. Sin embargo, a este proyecto decido encararlo de manera independiente a la marca, exclusivamente para la Fundación. Tener dicha consideración es como una caricia profesional, ella fue como una tutora que nos encaminó en todo el proceso. Para el desarrollo, le invité a una prima, quien también es artesana. En principio surgieron varias propuestas. Finalmente, nos decidimos a presentar una Sagrada Familia y de ahí surge la idea de contactar con otra prima que pinta pesebres”, cuenta Ile.

“Un día decidimos armar un equipo, y casualmente una de ellas dijo ‘¡todas mis primas saben hacer algo de arte, nosotras le conocemos a San Pío!’. A partir de entonces, todas ellas se sumaron al barco y asumimos este desafío como una misión familiar”, asegura Ile. A finales de mayo, las primas se juntaron y se repartieron las piezas: cada una se hacía cargo de terminar, cada semana, al menos 80 pesebres completos.

Ahí comienza el trabajo de hormiga, que también significa liderar un grupo en sus respectivas casas para llegar a la meta. Se ingeniaron para armar sus piezas, en un horario en el cual ya estén libres de sus ocupaciones, generalmente las noches y madrugadas, ya que todas son madres y profesionales. De este plan, se abrió una oportunidad para don Alberto, quien cortó y lijó las 15.000 piezas de madera. “Gracias a las donaciones a la Fundación logramos pagar lo que producía el carpintero, que hasta donde sabíamos estaba precisando de trabajo, así como pudimos cubrir los costos de la materia prima y demás”, refiere Macarena, quien amablemente nos recibió en su hogar para la entrevista.

High Class Diciembre 2017 - Responsabilidad Social Pesebres Familia Zavala Fundación San Pío Arquitecta María Inés Barrail

Nace la esperanza

Estos pesebres dieron luz en el porche de la casa de Macarena, que en todo este tiempo, como ella dice, “se transformó en la Fábrica de San Pío”. Aquí, el amor se percibe en cada rincón, como un espíritu poderoso, pero apacible, que lo contagia todo a su paso, pero todo esto implicó cambiar notoriamente sus espacios, para que se llenen de cajas, colores, telas y herramientas. “Es una actividad muy laboriosa pero que tiene una gran recompensa. Empezamos por acomodar las cosas en casa, hablé con mi marido y él me dio su apoyo al 100 %. Fue un acto de apertura para que esto funcione y el proceso sea más ágil al disponer de este lugar”, detalla Macarena.

“Ahora empezamos a evaluar y a dimensionar todo lo que logramos juntas. Sin querer, logramos involucrar a tantas personas en un proyecto tan hermoso; detrás de cada una hay amigas que colaboraron para que podamos llegar a las 15.000 piezas. Mención especial para Carmen Cardozo, quien también ayudó inmensurablemente para las terminaciones de los pesebres. Ella es sobrina de Julián Cardozo, quien desde hace 19 años trabaja en casa, y como no podemos vivir sin él, no tuvimos de otra que hacerlo parte del proyecto”, dice sonriendo Macarena, al tiempo de destacar que la labor de ambos fue clave para concretar todo esto, especialmente en lo que se refiere a logística y ensamblaje.

En su relato, Montserrat sostiene que trabajar en conjunto con las primas en la elaboración de los pesebres es la actividad más gratificante y que incluso, fue como un puente que ha fortalecido aún más la unión familiar. “Como mi marido trabaja en el campo, él venía desde ahí para ayudarme y los niños también dedicaron su tiempo y llenaron ese momento de mucho amor; todos los hijos de mis primas, se ocuparon de pintar la maderita en blanco, que es la base y poner el sellador, cuando las piezas ya estaban terminadas”, acota.

“Durante el proceso se sumó muchísima gente para dar su granito de arena a la causa, las señoras Nilsa y Lilian hicieron las cajas o las que cortaron los vidrios. Por la misma razón, se adhirieron nuestras mamás. Tenemos una tía que cortó 5.000 cunitas y otras primas, que ya son las esposas de nuestros primos, quienes pintaron las estrellitas. Así, esto fue trascendiendo como una cadena de favores”, asegura Ile, quien además comparte el orgullo que siente de ser parte de una familia tan unida en fe.

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Efecto multiplicador

La convicción de que un gesto comprometido puede transformar la realidad de otras, sabiendo que el compartir es tan enriquecedor para quienes preparan como para quienes reciben los pesebres. La familia Zavala fue testigo de un milagro: “San Pío llega a nuestras vidas a través de otra prima que tuvo cáncer y todas decimos que él fue el santito que hizo que hoy ella esté con nosotros. Para nosotros fue un compromiso serio y lo asumimos como tal, en retribución por todas las bendiciones que hemos recibido por medio de su intersección”, expresa por su parte Montserrat.

A la medida que iba trabajando, esta experiencia hizo que resplandezca la fe que tienen guardada en sus corazones: “Dijimos que sí sin pensar, y en algunos momentos nos cuestionábamos: ‘San Pío ¿en qué lío nos metimos?’ Un día hasta llegamos a decir que no podemos más. A pesar del cansancio, entre todas nos dábamos fuerzas para seguir. En lo personal, esta experiencia me regaló una reconciliación. Cuando estaba haciendo los pesebres, sentí el olor a nardo, que es un aroma que expiden los santos”, evoca Ile.

Y continúa diciendo: “Cuando me aparecían las ganas de desistir, porque además seguía haciendo mis trabajos de la oficina, mis proyectos con El Almacén, en esos momentos me visitaba una mariposa en mi ventana, como diciéndome: ¡acá estoy, fuerza! Sentía esa gracia celestial, de diferentes maneras, en mis hijos que a veces se quejaban porque no compartía mucho tiempo con ellos y después me decían: ‘¡mamá, te entiendo!’. Y lo mejor de todo, y esto lo digo en nombre de todas las primas, porque esta es una misión familiar, fue fortalecer más los lazos y trabajar unidas por brindar un regalo a otra familia, sentir esa esencia de la Sagrada Familia”. De hecho, el pequeño pesebre, hecho con sus manos, parece una estampa de Belén.

Esta nota forma parte de la revista High Class de Diciembre 2017

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