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Psicología: Hombres víctimas del machismo

Por la Lic. Gabriela Casco Bachem, psicóloga

High Class Psicología Junio 2017

Hoy día existe toda una generación de hombres que no se identifica con el machismo y se rehúsa a perpetuar el discurso patriarcal de “macho hegemónico”, sin que eso les haga sentir complejos sobre su masculinidad. Son hombres que se vieron obligados a heredar estilos de un pasado obsoleto en el que padres, abuelos y hasta mujeres les exigían comportamientos o roles que no respondían a sus pensamientos. Resignar este lugar de poder desde el ejemplo es necesario para que futuras generaciones vivan en igualdad de condiciones, respeto y tolerancia, e inicien un camino mucho más pacífico, igualitario y tolerante.

Es por eso que muchos hombres buscan reconfigurar sus paradigmas con nuevas actitudes. Así, una gran mayoría de padres se involucra plenamente en la crianza de sus hijos demostrando sus emociones y apoyando a la mujer en sus derechos. Si bien todavía existe un machismo recalcitrante en varias esferas de la sociedad —con la desigualdad de género, el feminicidio y la homofobia como portavoces de esta postura—, también vemos cotidianamente varios ejemplos que evidencian que estas estadísticas no son mas que chapoteos de ahogado de un machismo decadente que se ve amenazado ante la evidencia de una muerte anunciada.

Si las nuevas generaciones no le dan el oxígeno de trascendencia que necesita para permanecer inmerso en la ideología cultural (como lo hizo hasta ahora por culpa de varios factores; desde la crianza hasta las costumbres y la tolerancia) tarde o temprano, el machismo desaparecerá. Su erradicación no solo podrá forjarse desde la lucha de la mujer que exige sus derechos y desde el feminismo, sino que debe empezar desde una crianza libre de machismo, en donde eduquemos a nuestros hijos e hijas con una nueva configuración de seres humanos, evitando que caigan esclavos de esta ideología del sometimiento.

Entender que el machismo no solo sitúa a la mujer en el lugar de la víctima sino también a los hombres, es importante para quienes criamos varones. Como madres, nos vemos obligadas a educar a nuestros niños con la asignación de roles basados en la condición biológica, porque consideramos que esto es algo natural. Creemos que los niños van a preferir los juegos brutos y las aventuras, y que las niñas optarán por jugar a la casita, como mamá y ama de casa. Pero lo cierto es que al estereotipar estos roles, también estamos estableciendo que en las generaciones futuras, la mujer se vea constreñida a todo lo doméstico, mientras que el hombre a la desconexión familiar y lo bélico. ¿Causa o efecto?

Por otro lado, muchos hombres se quejan porque se les confina a un lugar ajeno a la crianza de sus hijos, donde solo las mujeres disfrutan de ver crecer e interactuar con los hijos mientras ellos se internan en sus horarios de trabajo y se pierden de estos momentos. En la gran mayoría de los casos, son las mujeres quienes se encargan del relacionamiento social de los hijos. Y cuando los hombres quieren involucrarse en las tareas domésticas y de crianza, también son objeto de burlas e indirectas por parte de una sociedad alienada a los roles, que los tilda de “débiles o dominados” ya que todavía no acepta como normal/natural que hombres y mujeres tengan las mismas tareas.

Muchos hombres también se ven obligados a asumir gustos y preferencias impuestas por estereotipos masculinos. Deben afirmar su masculinidad todo el tiempo, evitando cualquier actitud o preferencia femenina que los muestre débiles o emotivos. Lo cierto es que a muchos no les gusta los deportes de contacto —las artes marciales o actividades agresivas—. Pero vivimos en una sociedad en la que “ser hombre” todavía es sinónimo de tener muchas pautas masculinas como potencia, fuerza y competitividad. Según la norma establecida, ellos deben disfrutar de todos los deportes, preferir las películas de acción y violencia así como los autos y la velocidad; ser mujeriegos y consumir productos nocivos para la salud potenciados en las películas, y todo lo referente a las adicciones como el cigarrillo o el alcohol para demostrar rudeza, supuestos sinónimos de masculinidad.

Por otro lado, generalmente no está bien visto que los hombres exterioricen sus emociones, sino que las decisiones que toman estén motivadas solamente por la razón y el calculo frío y utilitario. Esta característica también los suele presentar como obsesionados por el sexo y todas las derivaciones de violencia y acoso que esto genera (quizá por esto hay una tasa más alta de infartos en hombres; reprimir emociones causa estrés y enfermedades coronarias). Este estereotipo, sin embargo, ofende a muchos hombres y también a madres de varones, quienes por una generalización e ignorancia debemos tolerar que se considere al hombre con estas cualidades.

Cansados ya de estas etiquetas impuestas y de la naturalización del rol masculino como “machista”, surgen varios exponentes que por lo menos podrán compensar el grado de violencia que producen estos modelos, empezando porque hombres y mujeres cuestionen los paradigmas del pasado. Un artículo de la revista digital de la BBC denominado “Los varones del club de antimachistas”, señala cuanto sigue: “Existe un surgimiento en Argentina de grupos de hombres que se reúnen con el fin de repensar el modelo tradicional con el que fueron criados que se denomina Colectivo de Varones Antipatriarcales, nombre del movimiento que tiene más de 5 años y que reúne a hombres de diferentes partes del país”. Este grupo, según dice el artículo, participa de marchas por el Día de la Mujer, tomando conciencia del papel que juegan los hombres en asuntos de violencia de género, aborto y la crianza de los hijos.

A ser hombre y mujer se aprende. Es una construcción cultural, social, histórica y política, y luchar por la igualdad no es renegar del género ni de los roles que nos competen, pero sí compartirlos y apoyarnos. Hoy día vemos a representantes de trascendencia que bien podrían ser los modelos de generaciones venideras, como el presidente de Francia Emmanuel Macron, quien está en pareja con Brigitte Trogneux, 25 años mayor que él. Esta pareja no solamente elimina tabúes y prejuicios con respecto a la edad, sino que envía un mensaje sobre el valor de la mujer y del hombre, por quiénes son en esencia y no por una representación, ni por su imagen o poderío. Y esto, a diferencia de Donald Trump, quien se presentó con muchas falencias y escándalos, pero que increíblemente llegó al poder porque, como buen actor, sostuvo en el imaginario colectivo ese lugar de patriarca, salvador y caudillo.

Sabemos que la cultura patriarcal otorga autoridad ciega e incita a confiar plenamente en los hombres que se venden como líderes, conquistando con un discurso verborrágico y autoritario al niño interior que busca ser rescatado por el padre. En nuestro país, por muchos años la gente ha votado de forma infantil por estos caudillos, representantes férreos de colores y tradiciones, que ofrecen una seguridad imaginaria de padre que lo soluciona todo.

Todavía estamos lejos de erradicar el machismo en nuestro país. Pero si en cada familia empezamos a enseñar nuevas formas de relacionamiento y respeto hacia los roles de hombres y mujeres, priorizando la solidaridad, el apoyo mutuo y la emancipación de lugares y espacios distinguidos netamente por la diferenciación de género, podremos educar sin miedos ni tabúes. Muchos padres ya optan por dejar que sus chicos se vistan como quieran y jueguen con juguetes o hagan deportes que no son característicos de su sexo. Pero no creo que pase solamente por dejar al libre albedrío las decisiones de los niños, ni por su vestimenta o elección de color “rosa o celeste”. La única configuración verdadera está en el ejemplo que tengan en casa, en el trato entre mamá y papá; en el apoyo mutuo, en la apertura y comprensión de la expresión de las emociones, y el respeto por la elección de tareas y gustos. A partir de lo que el niño observe en el trato de los adultos en general, podrá concebir que tanto hombres como mujeres tenemos el compromiso humano de generar espacios y relacionamientos basados en la tolerancia y la igualdad.

Esta nota forma parte de la revista High Class de Junio 2017

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