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Psicología: ¡Celebrar agradeciendo!

Cómo el ser agradecido puede cambiar actitudes

Por la Lic. Gabriela Casco Bachem, psicóloga

“El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”

Francisco de Quevedo (1580 – 1645)

High Class Octubre 2017 - Psicología

El ser humano, en todas las civilizaciones y culturas, ha encontrado motivos para celebrar y agradecer. Celebramos acontecimientos importantes o banales, con rituales sagrados o paganos, relacionados al paso del tiempo, como los cumpleaños y aniversarios, los nacionales, históricos y religiosos, y también celebramos los logros personales, como los laborales y profesionales.

Estas celebraciones nos recuerdan quiénes somos y representan el agradecimiento por lo que tenemos, por los encuentros, las oportunidades, y por aquello que logramos construir. En este contexto, detenerse a pensar en algo tan simple como cotidiano de forma trascendental, puede develarnos información para enriquecer estos acontecimientos, para tenerlos en cuenta mas allá de su significado conocido; el de marcar hitos y divertirse, sino también el de encontrar un ritual personal de agradecimiento que nos conecte con el estado de gracia que significa dimensionar conscientemente lo que tenemos, y entender la importancia de esto, inclusive para la salud. En el mes aniversario de nuestra revista analizamos el concepto de celebrar y, de la mano, el de agradecer, porque son un dúo indivisible.

Al respecto, en un artículo de la página digital Muy Interesante, titulado “Dar las gracias mejora la salud” dice cuanto sigue: “El profesor de psicología Robert Emmons escribe que ‘esta actitud produce resultados positivos muy importantes: satisfacción, vitalidad, felicidad, autoestima, optimismo, esperanza, empatía y deseos de ofrecer apoyo emocional y tangible a otras personas’. Lo ha probado el estudio ‘Correlaciones neuronales de la gratitud’, hecho en 2015 por el Departamento de Psicología de la Universidad del Sur de California y dirigido por Glenn Fox. Durante el mismo, indujeron este sentimiento en los participantes al tiempo que su actividad cerebral quedaba registrada en imágenes por resonancia magnética. Si la gratitud es percibida como una emoción moral, explicaban, entonces la experiencia debería asociarse con las zonas del cerebro relacionadas con el conocimiento moral. Pero, según los autores, las zonas que se activaban, ‘sobre todo las situadas en las regiones ventral y subgenual del córtex prefrontal medio, son las que se asocian normalmente con la recompensa social y los lazos interpersonales’. Había, pues, una relación entre el agradecimiento y el bienestar mental que provocan las emociones positivas”.

Dar las gracias se convirtió en un acto reflejo, lo hacemos más de veinte veces al día según las estadísticas, ya sea en persona, por mensajes, por teléfono. Esta es una costumbre ligada a la educación y al don de buena gente, al punto que “desgraciado” es un insulto o sinónimo de persona infeliz.

También se puso de moda con todas las teorías del pensamiento positivo, los libros de autoayuda, el coaching, las técnicas de meditación, que nos invitan a tomar conciencia de lo que tenemos, aquí y ahora, y dejar de quejarnos por lo que no tenemos, por lo que pasó o no pasó; agradecer por lo bueno y también por lo malo, porque toda experiencia, positiva o negativa, incluye un aprendizaje.

Agradecer inspira a los demás

El agradecimiento también inspira en los demás el sentirse valiosos. Pone en marcha una cadena de energía positiva en aquellos que sienten que lo que están haciendo es importante para alguien, que sirve, que ayuda, y todo esto desencadena sentimientos y ganas de seguir haciendo las cosas bien, con pasión y energía. El agradecimiento está presente en todas las civilizaciones, empresas y proyectos que progresan y logran sus objetivos. Se caracterizan por llevar como bandera la calidad humana valorando a sus integrantes como partes del todo. Continúa diciendo el artículo: “Hay mucho detrás de la gratitud. Un caso notable es el de Doug Conant. En 2001, este ejecutivo fue nombrado presidente y consejero delegado de la conocida empresa de sopas Campbell’s, que no pasaba por su mejor momento, además de haber perdido una gran cuota de mercado y con su valor en bolsa reducido a la mitad en tres años, el personal estaba desanimado y descontento. Para levantar el espíritu, Conant empezó una política de moralización. Todos los días escribía notas para agradecer a algún empleado un trabajo bien hecho. No se trataba de correos electrónicos, sino papeles escritos y firmados de su puño y letra. En total, calcula que redactó y envió más de 30.000 en los diez años que estuvo en la empresa; cualquier trabajador de cualquier parte del mundo, independientemente de su categoría, podía encontrarse con una nota de agradecimiento de su presidente. Bajo su liderazgo, Campbell’s recuperó terreno y beneficios, pero el epílogo llegó en 2009, cuando sufrió un gravísimo accidente de coche. Los empleados de todas las fábricas y oficinas inundaron su despacho con cartas y postales deseando su recuperación. El método de Conant figura en la web de la Harvard Business School, y su creador actualmente cuenta con su propia escuela de liderazgo: Conant Leadership; pero probablemente no esperaba una recompensa tan cercana como los buenos deseos de tantos empleados”.

Podemos tomar esta política de moralización en cualquier contexto de nuestras vidas, en donde veamos que falta esa energía y motivación que solo la puede otorgar el valor humano, el que no se puede comprar, el que no tiene valor de mercado, el que no lleva más que unos minutos de nuestro tiempo, un mensaje de texto, una llamada, una visita, una celebración preparada o sorpresa, para honrar a quienes más queremos.

La experiencia festiva despierta en el ser humano diferentes sensaciones a partir de los rituales que en ella se viven; la comunión al compartir los alimentos, el rememorar un evento del pasado, como el aniversario de nuestra pareja, el día que nacieron los hijos, aniversario de nuestros padres, aniversarios laborales, logros profesionales, o haber salido de una enfermedad. Los eventos que forman parte de nuestra biografía, que tejen nuestra identidad y que los recordamos con música, bailes, júbilo, alegría y magia, los celebramos como un signo de esperanza y de agradecimiento por lo que fue y por aquello que podrá ser.

Como la palabra “gracias” está sobreutilizada y se ha convertido en un automatismo, es necesario tomar conciencia de que hay motivos por los que se puede demostrar sincera gratitud. A veces no basta con un “gracias” verbal o escrito, sino un acto. Ayudar a una amiga en algún tema en el que tengamos conocimiento, prestar servicios o herramientas a alguien que necesita, hacerlo sin esperar nada, solo retribuyendo por aquello que alguna vez esa persona pudo haber hecho por nosotros, o como agradecimiento por su existencia en nuestras vidas, con esto quizá podamos saldar aquellos agradecimientos que no pudimos dar en su momento, o solo demostrar gratitud por su vida.

Si no te nace, no lo hagas

Por otro lado, es importante tener en cuenta que no siempre recibiremos las gracias por todo lo que hagamos por los demás, lo que hacemos no debe depender de esa retribución, de lo contrario, solo estamos buscando una contribución emocional, narcisística o histérica de “alma bella” (concepto psicoanalítico que explica cómo el neurótico niega a menudo su propia responsabilidad por lo que sucede a su alrededor, o como en la histeria, donde provoca una situación de la que luego se queja o no se hace cargo, deseo de insatisfacción) ejemplo; hacer algo por alguien y luego reclamar o quejarse porque “no le agradeció”, sabiendo que esa persona no lo haría, pero igual lo hace para ubicarse en lugar de víctima y tener argumentos por los que quejarse.

Cualquier cosa o favor que prestemos debe ser de corazón, sin esperar nada a cambio, a pesar de que, por lo general, las personas son agradecidas, no todos lo son, o no lo son siempre, nos basta con saber que hemos hecho algo que, sabíamos, era lo correcto y necesario.

Para aquellos a los que les resulta un poco romántico (por no decir cursi) todo lo relacionado con adoptar actitudes positivas u optimistas en la vida, pueden optar por un pensamiento más pragmático y práctico a tener en cuenta, y saber que agradecer actúa como verdadera profilaxis contra los pensamientos negativos y pesimistas, lo que evita la depresión y la amargura en la vida, una motivación personal pero cierta, al momento de tomar el estilo de vida “agradecido” como un ejercicio vital, y que, simultáneamente, potencia nuestras relaciones con los demás.

Sentir agradecimiento sincero es un privilegio, porque es dar reconocimiento a alguien que hizo algo por nosotros y, como dice la frase: “Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros. Lo que hacemos por otros y el mundo permanece y es inmortal”. Y ese sentimiento lo celebro con este grupo hermoso de personas que dan vida a la revista más excelente del país. ¡Gracias! ¡Feliz y agradecida de corazón por formar parte de High Class! ¡Feliz aniversario!

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Para más información y consultas, escribir a gabrielacascob@hotmail.com

Esta nota forma parte de la revista High Class de Octubre 2017

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