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Psicología: ¡Bienvenida a la tercera edad!

Cómo afrontar con optimismo esta etapa de la vida

Por la Lic. Gabriela Casco Bachem, psicóloga

“La madurez es la etapa de la vida en la cual ya ha

pasado la tempestad… pero aún continúa relampagueando”

Francisco Arámburo – poeta español

High Class Noviembre 2017 - Psicología

Analizando las series y películas más vistas de Netflix, plataforma con más de 70 millones de suscriptores, podemos percibir que los protagonistas más influyentes y carismáticos de estas obras son adultos mayores. Inspiran valentía, prestigio y sabiduría, tal es así que estas cualidades por fin están de moda por sobre la temeridad, la inmadurez y la belleza de la juventud tan endiosada.

Claire y Frank Underwood, de House of Cards, quienes con su capacidad de persuasión y ambición pueden manejar las situaciones más desafiantes y complicadas. En Dowton Abbey, los personajes más importantes giran en torno a los padres, Robert Crawley y Cora, la abuela Violet y el mayordomo Charles, fuentes de consejos para sortear los avatares de la familia. O las películas donde aparece Anthony Hopkins, que son garantía de éxitos de taquilla; por citar algunos ejemplos.

Aludiendo a ese mundo ficción, en la vida real los adultos mayores –nuestros padres, abuelos, bisabuelos y profesores– también son los protagonistas y referentes de nuestras historias. Ellos son quienes, con sus ejemplos y consejos, nos ayudan a relativizar los problemas y el paso del tiempo, ese que a veces nos parece eterno, pero que con la voz de la experiencia podemos confirmar que, tarde o temprano, esas cotidianeidades de la vida doméstica, familiar y de pareja que hoy día parecen avasallarnos, se acaban, y que una vez acabadas las extrañaremos.

Sus experiencias de vida nos sirven de referencia para no caer en errores ni subestimar al destino, lo que nos exhorta a ser previsores y no confiar demasiado en la suerte. Hablamos de esta etapa de la vida tan importante, en donde, tanto la libertad de generar una nueva personalidad, como el vértigo a la soledad o la dependencia, nos llevan a observar detalladamente cada estilo y las diferentes maneras de envejecer, que son tantas como diferentes personalidades existen. Y todo esto nos hace preguntarnos, de acuerdo a la configuración en nuestra vida hoy: ¿con qué actitud pretendemos envejecer?

En su libro Vejez y pulsión de muerte, Marion Péruchon y Annette Thomé-Renault, psicoanalistas francesas especialistas en psicología clínica gerontológica, plantean cuanto sigue: “El ‘anciano común’ vive su edad provecta (madura) sin demasiados dramas ni destellos, cultivando su jardín, atendiendo su casa, ocupándose de sus nietos y bisnietos, delineando a veces su árbol genealógico, viajando…; de la manera más natural del mundo parece hallar su lugar en la cadena de las generaciones, identificándose con los seres amados que lo antecedieron y abriendo el camino a los que le siguen, logra mantener su equilibrio no obstante el peso de los años. Y aún cuando este envejecimiento trivial no lo preserva de la angustia de la muerte ni de la tristeza por la pérdida y la separación, estos penosos afectos guardan una dimensión discreta y aceptable tanto para el sujeto como para su entorno; lo cual lo exime entonces de acudir a los centros de atención psicológica”.

Vida a los años

Pero hay otro grupo que envejece con la ansiedad que produce la noción de caducidad de la vida. Eros y Tánatos (Eros, Dios griego del amor y la vida –para Freud, portador de las pulsiones vitales–, y Tánatos, Dios de la muerte y destrucción, portador de las pulsiones de muerte) luchan por ganar protagonismo en esta etapa, como en ninguna otra.

Para algunos, la influencia de Eros lleva al error de juicio de querer eternizar las pasiones de la juventud, optando por cirugías y actitudes extremas. En otros, la influencia de Tánatos aparece, por ejemplo, en el aburrimiento, que en realidad es la pérdida de sentido de la vida. La decadencia incita a las pulsiones destructivas a la aparición de trastornos, y si tenemos adultos mayores en la familia, es importante reconocer los signos de alarma que nos indican si necesitan apoyo familiar y/o terapéutico para reconciliar estas energías, utilizarlas y sublimarlas para lograr calidad de vida.

La tercera edad queda determinada tradicionalmente a los 65 años, por la jubilación y la finalización de la edad reproductiva de la persona. La esperanza de vida actual ronda los 80 años, lo que nos arrojan 15 años en donde la persona debe aprender a vivir en esta nueva configuración.

¿Cómo encontrar el sentido y la gracia de la vida de la mejor manera posible, incluso con las pérdidas y los problemas de salud que acarrea esta etapa? Preguntas que encuentran su respuesta en el apaciguamiento de las pasiones. Las psicoanalistas arriba mencionadas dicen al respecto: “Sabemos que es posible salir airosos en la vejez, y todos nosotros hemos visto en nuestro derredor a ancianos felices; algunos de ellos afirman incluso que solo a una edad avanzada pudieron alcanzar su plena expansión: ‘A los sesenta y siete años –escribe Voltaire–, con la salud debilitada, se puede ser mucho más feliz que a los treinta’. Atribuyen los beneficios de la vejez a la reducción de la energía libidinal, la neutralización de las emociones y el apaciguamiento de las pasiones, lo que otorga a la experiencia vital, calma, serenidad, sabiduría y una comprensión holística de la vida.

Pero algunos trastornos pueden aparecer en esta etapa, y el más común es la depresión, pero no por eso tan fácil de diagnosticar, ya que la depresión puede estar enmascarada por otras patologías relacionadas con la salud física, psíquica y emocional, como los cambios psicofísicos, estados degenerativos de la memoria o de las funciones motoras, enfermedades de base y cambios sociales, como la jubilación. También las pérdidas de familiares y amigos, además del contexto social que no ofrece muchos espacios atractivos y recreativos, lo que los hace sentirse aislados.

Las primeras quejas referentes a este estado suelen ser somáticas, dolores físicos, malestares inespecíficos y también apatía, es decir, desilusión por la vida. Es importante acudir a un psicólogo y también al neurólogo, para determinar cuáles son los problemas relacionados con la edad y cuáles son los relacionados con lo psíquico y lo emocional, para iniciar un tratamiento integral del estado depresivo de la persona, en donde se intentará restituir la autonomía personal, conocer las formas en las que pueda sentirse útil y capaz, aceptado e integrado a relaciones positivas y beneficiosas para despertar nuevamente la alegría de vivir, y no solo la costumbre de hacerlo.

Cuestión de actitud

Cada persona encuentra su forma de envejecer de acuerdo a la actitud que actualmente adopta en la vida. Por ejemplo, si la actitud es quejosa, hipocondriaca, también seremos aquellos padres o abuelos a quienes uno llama por teléfono para saludar o conversar, pero que de lo único que habla es de lo mal que se encuentra no solo él mismo/a, sino el mundo. Ser un abuelo o padre a quien acudir para recibir quejas, querellas y letanías, es muy diferente a ser un oasis de temas en los que uno pueda proyectarse y crecer, dimensionar las cosas desde una perspectiva desapegada ya de las emociones temerarias o vengativas propias de la juventud, y ser una escucha que retribuye con experiencia y certeza de sabiduría.

Hoy día, ser viejo (sí, es necesario decir “viejo” con toda naturalidad y sin sentir ninguna connotación peyorativa ni prejuicios) es saber que tenemos una segunda oportunidad de vida, porque haber llegado hasta aquí ya es un triunfo en sí mismo, y una ambición para muchos. Más aún hoy en día en que, con los avances de la medicina y la tecnología, tenemos unos 20 o 30 años más de vida. Algunos viajan, hacen nuevos proyectos encuentran fuerzas creativas como la escritura, resuelven asuntos pendientes, siguen trabajando en su profesión, hacen empresas, vuelven a formar pareja, disfrutan del amor más profundo jamás conocido con los nietos…Es tiempo de desplegar toda la creatividad sin exigencias externas y de amar sin medidas.

Dar bienvenida a la tercera edad es disfrutar con plenitud del cese de las obligaciones y observar, ya como público, el espectáculo de la vida, en donde ya no necesitamos pelear por el papel principal, porque ya estamos deslastrados de competencias y desapegados de la trampa narcisística de la imagen.

Por fin podemos ser nosotros mismos y podemos conectarnos con esa fibra espiritual que nos invita a sentir, agradecidos, no solo el placer, sino todas las emociones y sensaciones que, en este momento, ya sean buenas o malas, satisfactorias o dolorosas, cada una de ellas, escoltadas por el latido del corazón, ¡nos hacen dimensionar la importancia y el milagro de estar vivos!, experiencia que, claro está, requiere de la sensatez que solo madura con la edad para valorarla, en toda su inmensidad.

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Para más información y consultas, escribir a gabrielacascob@hotmail.com

Esta nota forma parte de la revista High Class de Noviembre 2017

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