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OPINIÓN: S O L T E R O N A

Con mayúsculas

Por Alejandra Vázquez

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Los almuerzos familiares tienen, here a veces, click una peligrosa tendencia a pasar de ser una distendida velada con demasiada comida a convertirse en una suerte de guerra fría, donde la táctica más efectiva es el lanzamiento de comentarios pasivo-agresivos.

A través de los años, la experiencia afina nuestro sentido de alerta: sabemos que se vienen y, sin embargo, nunca acabamos de estar preparados para el contraataque, para dar la respuesta que arrincone al oponente y lo deje con las manos arriba, rendidos.

Estos comentarios que a pesar de no ser sorpresivos, son siempre letales. “Estás más gordita vos, verdad mamita”, con cara de pregunta, mientras se levanta el tenedor para llevarlo a la boca.

Una característica es la media sonrisa, nunca falta una sonrisita. Otra característica es la intención oculta de esperar la respuesta del receptor, para lanzar el comentario que lo compara con otra persona.

Claro, la intención es elevar a alguien más a una posición fabulosa. Esta otra persona, aparentemente siempre se encuentra en mejores condiciones que la víctima de las preguntitas.

Desafortunadamente para la víctima de turno, con quien la comparan solapadamente, siempre está más flaca, tiene un novio superhéroe, está comprometida, tuvo un ascenso laboral, se prepara para estudiar la quinta carrera o, sencillamente, le está yendo tan bien en la vida que resulta deliciosamente tentador hablar de ella, en comparación con otra.

En este contexto, el clásico de clásicos es uno que afecta principalmente a las solteras y a los solteros, mayores de 25 años, y en esta guerra fría, no hay telón de acero, todos parecen sonrientes, solo que uno de los lados es consciente de que no logrará tener dominio en el conflicto.

La situación, salvo excepciones, suele empezar con un “y vos qué tal con… Ah, ¿ya no están?” (cara de penita). También es muy conocida la táctica “y vos, ¿siempre sola? Qué raro… Bueno, vos siempre fuiste muy independiente”.

Otra variable muy común tiene que ver con los comentarios sobre el estilo de vida. Sin duda, este es mi favorito por estar tan colmado de astucia e ingenio. Lo que de buenas a primeras parece una afirmación de “ay, que envidia vos salís tanto, cómo te divertís”, es realmente “que desordenada tu vida, así nunca vas a conseguir marido”.

Al parecer nunca deja de ser una preocupación verdaderamente seria que todas las personas del mundo entero hagan su pasada por el altar, para empezar luego a tener hijos que den sentido a la existencia y llenen la sala de nuevas y más modernas fotos familiares.

La alternativa de que alguien tenga otros intereses, prioridades, sueños o formas de pensar digamos que… no es muy aceptable de verdad. Descoloca un poco e incomoda mucho. Entonces, de ahí surge una nueva preocupación: tener una SOLTERONA en la familia. Gravísimo.

Esta paria familiar es, a veces, responsable de la plenitud de los demás. Al no dejar descendencia decepciona a tíos, abuelos, padres, amigos de la familia, primos, vecinos y otros conocidos que esperan que se llenen SUS expectativas, de lo contrario sufren por no ver materializados sus deseos.

Sí, la SOLTERONA es muy nociva. Si es feliz, puede llegar a ser como la prueba de que no existe un solo camino para la realización personal. Si es exitosa, tendrá que escuchar muy a menudo que no importa lo que haya logrado en la vida, incluso si salvó el planeta, al no tener hijos no cuenta tanto. Es SOLTERONA.

Lo que yo propongo en este sentido es aprovechar la calidad de aumentativo de la palabra SOLTERA y desterrar aquel antiquísimo mito urbano que ubica a la poderosa expresión SOLTERONA en un espectro de negatividad

Así, quizás para la próxima guerra fría quienes no están comprometidos bajo contrato podrán tener más armas a la hora de responder: “Y vos, ¿siempre sola?”.

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