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El mundo y sus esquinas: Después de la tormenta

Es hora de tomar las riendas

Por Bea Bosio

High Class Octubre 2017 - El mundo y sus esquinas

En el mes de septiembre, desde esta columna contaba la historia de Xiutezcatl Martínez, el chico de 17 años que junto con un grupo de jóvenes estaba demandando al Gobierno de Estados Unidos, por no tomar las medidas necesarias para proteger el medioambiente. Era el futuro llevando a estrados judiciales al presente. Exigiendo conciencia sobre el grave efecto de la contaminación para las generaciones posteriores.

Escribí ese artículo desde Houston, semanas antes del huracán Harvey. Tuve la suerte de estar en Miami cuando arrasó con Texas –aunque esa suerte viró muy rápido– al encontrarme en el camino de Irma unos días más tarde. Entonces el futuro ya era presente.

Los metereólogos llamaban a Irma “el monstruo del Atlántico”, y como era de esperarse, comenzó a cundir el pánico en el sur de la Florida. Los supermercados no podían dar abasto. Se agotó el agua mineral en las estanterías. Las linternas, los enlatados, las pilas. La fila para conseguir combustible se volvió infinita y, ante la vista del mundo entero, seis millones y medio de personas emprendieron un éxodo masivo para escapar de la furia de la tormenta. Nadie quería arriesgarse. Todos teníamos demasiado presente las inundaciones catastróficas en Houston.

Coincidentemente, este junio pasado, el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, un compromiso entre las naciones con respecto a ciertas medidas que se deben tomar para proteger al planeta del calentamiento global y de las emisiones dañinas para la atmósfera. De hecho, el actual gobierno de Trump niega que el cambio climático sea causado por la acción del hombre.

Tal vez ante estos impactos recientes –ante la cantidad de muertes ocasionadas por estos dos huracanes y los billones de dólares que costará la reconstrucción de los sitios estragados por las tormentas– la posición de la Casa Blanca cambie.

Los huracanes son un enorme conglomerado de tormentas que se forman sobre océanos que tienen una temperatura de al menos unos 26.5 °C y funcionan como un motor gigante que transfiere el calor de la superficie del mar a la atmósfera, generando ventarrones y grandes lluvias en el proceso.

Si bien es cierto que todavía no podemos culpar al cambio climático por la cantidad de huracanes ni la ocurrencia de ninguna tormenta, hay tres factores innegables que hacen que empeoren las consecuencias:

Primero, la temperatura del agua ha subido en los últimos años y mares más calientes producen tormentas mucho más fuertes. Segundo, al calentarse la atmósfera, esta retiene más vapor, lo que hace que las lluvias sean más potentes. Esto no pasa solo en las costas sino que se aplica en todos los puntos de la Tierra. A mayor volumen de lluvia, mayor volumen de daño. Y por último, es bien sabido que al derretirse los glaciares, el nivel del mar va subiendo poco a poco. Ya lo ha hecho en los últimos años. Entonces las marejadas –esas olas que empujan los vientos huracanados a inundar las costas– son mucho más extensas, mortales y peligrosas.

Si hay otras maneras en que el cambio climático esté afectando los huracanes, los científicos todavía no lo saben. Se sabe que el huracán Irma marcó récords por ser el más fuerte registrado en el Atlántico y por haber sostenido vientos de 280 kilómetros por hora, por tiempos más prolongados. Se sabe que algo está pasando y que a nivel global cada vez hay más inundaciones, más tormentas, más sequías. Que las temperaturas han llegado a picos inimaginables. Y que la única manera de hacer frente a estos cambios es dejar de negar que estamos en problemas.

Atrincherada en un hotel de Orlando, la noche que Irma batía ventanas y puertas, sentía rabia e impotencia. Lo único que veía -además de las imágenes devastadoras- eran los hashtags en las redes sociales. “Recen por Florida”. Como si los humanos no tuviéramos nada que ver con lo que está pasando, como si estuviéramos expuestos a la furia o a la gracia de Dios para evitarnos la catástrofe.

Por suerte, el papa Francisco se encargó de responsabilizar directamente a los hombres. Fue durísimo al referirse a aquellos que se niegan a ver lo que está ocurriendo. “El hombre es un estúpido. Es un testarudo que no ve. Es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, advirtió, y agregó que, según unos estudios, el deshielo del Polo Norte es inminente, y que solo tenemos tres años para revertir el daño. Habló del grado de responsabilidad de todos: “Cada persona tiene su responsabilidad, y los políticos tienen la suya”, dejando entrever dónde radican las trabas para abordar el problema seriamente.

El ambientalista de 17 años que está demandando al Estado americano decía que darle la espalda al cambio climático es darle la espalda a cada refugiado del clima, a cada familia que ha perdido su casa, su comunidad o la vida por esta crisis ambiental que estamos creando.

Pensé en él, volviendo a casa, a medida que veía cada árbol caído, cada barco destrozado, cada casa inundada… Y el rostro abatido de las familias afectadas.

El futuro es hoy. No mañana.

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Si querés contactar con Bea, podés escribir a comentarios@highclass.com.py

Esta nota forma parte de la revista High Class de Octubre 2017.

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