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El mundo y sus esquinas: Boa Mistura

Color y esperanza

Por Bea Bosio

High Class El mundo y sus esquinas Junio 2017

¿Cómo sería el mundo si en cada esquina de desaliento hubiera un mensaje de esperanza? Probablemente, un lugar mucho más lindo que nos inspiraría a continuar la batalla. Pues hay un grupo de muralistas que viaja por el mundo exactamente con esa misión: pintar espacios públicos y dejar mensajes de raíces, pertenencia y aliento a través de frases o palabras. El grupo se llama Boa Mistura, y aunque el nombre es en portugués, esta buena mezcla nació en España.

A ellos les gusta definirse como “cinco cabezas, diez manos y un solo corazón”. Son amigos desde la adolescencia y empezaron pintando las paredes del barrio que los vio crecer, hasta que el amor por el arte de origen grafitero, atravesó las fronteras de espacio y tiempo. Los años sumaron murales ya no solo en su España natal, sino en gran parte del mundo entero.

Hoy todos son profesionales, graduados en carreras relacionadas al arte. Ya sea en la arquitectura, la ilustración, la publicidad, el diseño gráfico y las artes visuales. Una amalgama de saberes que converge en un proyecto artístico perfecto: Crossroads.

En español, esta palabra significa el lugar donde los caminos se cruzan. Y el objetivo es utilizar el arte como herramienta de cambio. Es decir, no solo mejorar los espacios intervenidos en las comunidades sufridas del mundo, sino también inspirar a las personas que viven en ellas. Con este compromiso en mente acortan distancias, y en cada viaje dejan a su paso no solo arte, sino también un lazo estrecho de esfuerzo comunitario, ya que convierten a los pobladores en coautores de la obra de cada barrio que intervienen.

Esta idea los ha llevado a los lugares más recónditos del planeta. Y han dejado hermosos mensajes como legado, como la palabra “Vida” que desafía a la muerte en un barrio de refugiados de la guerrilla en Colombia, o un bellísimo “Somos Héroes” en una de las comunidades más golpeadas de África.

El aporte y misión de Boa Mistura hoy es reconocido internacionalmente, y a través de su propuesta creativa han participado de diversas bienales de Arquitectura, Urbanismo y Arte. Su trabajo es constantemente expuesto en galerías y museos, y han dado conferencias en distintas universidades del mundo.

En Paraguay

Con este exitoso proyecto también llegaron a Paraguay hace unas semanas, para aportar color y optimismo y desafiar los estigmas que pesan sobre “Pelopincho”, enclave del barrio Ricardo Brugada, más conocido como La Chacarita.

La iniciativa surgió del Centro Cultural Juan de Salazar, dentro del marco del proyecto Dislocaciones (Encuentro de Cultura Urbana). La idea —entre otras actividades— era intervenir un espacio público, y para eso el Centro Cultural de España Juan de Salazar contrató a estos artistas. En conjunto con la Municipalidad de Asunción y el Centro Comunitario Chacarita, el trabajo de Boa Mistura empezó a tomar forma y, con el apoyo de la Comisión Vecinal de Pelopincho, se escogió la canchita de fútbol del Centro Comunitario de la zona para concretar la obra.

El desafío era grande. Pelopincho siempre tuvo fama de ser una zona complicada, y en los últimos años ha sido lastimada por el flagelo de la violencia y las drogas. Pero como en todas partes —desde los confines más carenciados de la ciudad hasta los lugares más acaudalados— es un lugar donde convive la delincuencia con gente trabajadora que la batalla con honestidad todos los días. La Comisión Vecinal de la zona es un ejemplo de trabajo comunitario para mejorar el barrio, y la canchita poblada de niños fue el lugar natural para que esta intervención artística sucediera.

Con el lugar asignado, había que buscar un mensaje para pintar el espacio. Ahí empezó el proceso de hablar con la gente, para que las palabras que irían a engalanar el sitio salieran de sus propias bocas, de su propia experiencia. Fueron los mismos pobladores los que decidieron el mensaje de esperanza: Oñondivepa. Ñande Pu’aka (“Todos juntos. Nosotros podemos”). En guaraní, pu’aka significa fuerza, lucha, y es un estado de resiliencia, que es lo que les toca a los habitantes del barrio en sus combates diarios de subsistencia.

Los artistas de Boa Mistura encontraron inspiración para las letras del mural en las fajas tejidas por los pueblos indígenas. El diseño se hizo en computadora y fue proyectado sobre cada lugar donde quedaría plasmada la obra. Con los trazos marcados, solo faltaba poner colores a ese gran cuadro. El resto fue un trabajo arduo, comunitario. Allí pintamos todos: niños, grandes, estudiantes de escuela, universitarios, voluntarios de afuera y pobladores. El proceso llevó más de una semana y el resultado fue una algarabía para todos los que vimos el impacto emocional que generó el cambio en la zona.

Tuve la suerte de acompañar todo el proceso y jamás imaginé el placer de conocer a artistas como ellos, involucrados profundamente con la comunidad donde estaban interviniendo. Conversando con cada vecino, jugando fútbol con ellos, discutiendo la frase que sería del barrio, almorzando arroz quesu, tallarín o un asado improvisado bajo el patrocinio y comando generoso de Marcelo, Junior o Ña Paula, todos miembros de ese Centro Comunitario. No vi un rastro de divismo en estos chicos tan exitosos y viajeros. Solo vi humanidad en ellos. Eran cinco: un Javi, un Juan, dos Pablos y un Diego.

Me explicaron que su turismo, más que de lugares, era humano. No tuvieron tiempo de ir a las Cataratas, pero sí conocieron a los vecinos de Pelopincho, y de ellos se llevan el mejor de los recuerdos. Así recorren el planeta los de Boa Mistura, conectándose a la experiencia humana de cada lugar que visitan. Con los años, podrán decir al mundo lo que fueron viendo a través del relato de su gente y las personas que conocieron. Yo también conocí una nueva España a través de ellos.

A modo de despedida, el sábado se organizó una fiesta con todos los involucrados en el proyecto. El dron de Fotociclo —que acompañó todo el proceso— tomó imágenes conmovedoras desde las alturas. Desde arriba, aquel mensaje parecía una proclamación al cielo: entre todos juntos sí se puede. Sí, podemos.

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Si querés contactar con Bea, podés escribir a comentarios@highclass.com.py

Esta nota forma parte de la revista High Class de Junio 2017

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