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Economía: Gastos sin culpa

Bienvenido al cuidado sin obsesión

Por Adriana Bock, economista

High Class Octubre 2017 - Economía

Vivimos en la era de la información, lo cual, entre muchas otras cosas, nos permite acceder y estar en contacto con las últimas tendencias en cuanto a calidad de vida.

A diario podemos encontrar, sobre todo en las redes sociales, artículos sobre alimentación saludable, consejos de crianza, autoayuda emocional, y un largo etcétera conviviendo con lo más nuevo de la moda en cuanto a vestimenta, peinados, maquillaje; así como sitios que nos invitan a recorrer el mundo, a vivir experiencias exóticas o a transformar nuestro hogar en un verdadero it place.

En medio de toda esta vorágine de información, también aparecen consejos sobre cómo cuidar las finanzas llevando un estilo de vida más frugal, o hasta minimalista; lo cual, si bien puede resultarnos atractivo o interesante desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental (otro gran tema) y económica, también podría interpretarse como una fuerza opuesta al consumo excesivo al que nos incita la publicidad.

No sería raro que ante tantos mensajes contradictorios, algunas personas puedan, por momentos, sentirse confundidas, incluso al punto de experimentar culpa por gastar su dinero en bienes de consumo, en lugar de ahorrarlo. De hecho, con cierta frecuencia escucho a algunas personas dando explicaciones que casi suenan a pedidos de perdón, por haberse dado algún gusto, como si creyeran que se merecen algún “reto” o castigo por haber cometido el “pecado” de gastar.

Si bien desde esta columna nos dedicamos a difundir información referente al cuidado de las finanzas –con la intención tanto de crear consciencia sobre el impacto que tienen las decisiones personales cotidianas en el bienestar económico a largo plazo–, y de de facilitar herramientas para lograr una estabilidad financiera sostenible, no creemos que sea sano que ninguna persona se imponga sufridas restricciones en función del ahorro. De hecho, consideramos que algo así podría ser contraproducente, puesto que las personas naturalmente nos apegamos a aquello que nos resulta placentero, tanto para el cuerpo como para el alma, y tendemos a rechazar las situaciones desagradables.

En esa línea de pensamiento, lo que sí promovemos es que las personas encuentren en su interior las motivaciones que los lleven a tomar decisiones coherentes con sus metas, sus sueños o aquellos desafíos que quieran asumir para crecer como personas y conquistar una mejor calidad de vida, pues al trabajar por una meta, aun cuando esto implique cierto esfuerzo, lo hacemos movidos por el entusiasmo y la creatividad, lo cual nos brinda un tipo de placer.

Las personas que logran sostener hábitos saludables en sus finanzas, en general lo hacen motivados por una recompensa que consideran valiosa, la cual hace que valga la pena conquistar cierta disciplina. Pero sin duda existe una significativa diferencia entre el cuidado y la obsesión.

Recuerdo el caso de una persona que nos decía en consultorio: “Me gusta regalar, es parte de mi esencia y algo que no quisiera cambiar. Sin embargo, soy consciente de la importancia de ahorrar para imprevistos, pero también quisiera tener dinero para viajar y para darme algunos gustos. Lo que no entiendo y me preocupa, es por qué no estoy logrando armonizar estos intereses, tanto es así que, de un tiempo a esta parte, siento miedo de gastar en aquello que me gusta, y hasta me da vergüenza si tengo que deber”.

Este tipo de cuestionamiento excesivo puede volverse angustiante y derivar en estrés. Si te sentís identificado con estas palabras, permitime aclararte algunas cosas:

  1. Vos sos importante: por lo tanto no es ninguna locura que quieras cuidar tus vínculos con amigos y seres queridos, así como tampoco está mal que quieras prever necesidades futuras al tiempo que disfrutás tu presente. El secreto está en darle a cada cosa su justa medida, pues al fin y al cabo, todas ellas forman parte importante de tu felicidad.
  2. Si bien tus recursos no son ilimitados, al igual que los del común de los mortales, esto no tiene por qué ser una causa de sufrimiento en tu vida, puesto que podés desarrollar habilidades de planificación financiera, de manera mucho más sencilla de lo que podrías imaginar, para hacer que tu dinero rinda adecuadamente.
  3. Nadie que no esté en tus zapatos, o que no comparta tus mismos valores, puede juzgar tus decisiones personales, pero del otro lado del espejo está alguien que quiere, y merece, estar en paz con ellas, alguien a quien tal vez lleves mucho tiempo decepcionando y que quizá ya no quiera ser postergado.
  4. No existe ningún standard en el cual tengas que encajar si no querés, pero existen ciertos parámetros que pueden ayudarte a conquistar un orden con el cual te sientas satisfecho. Por ejemplo, destinar un 10 % del ingreso para el ahorro, 50 % para necesidades y obligaciones, hasta 30 % para deudas, y 10 % para disfrutar.

Dicho esto, me atrevo a darte algunos consejos:

Para el ahorro: encontrá una meta que te motive y empezá con un monto realista, pero no dejes de desafiarte a progresar con el tiempo.

Para el gasto: definí cuáles son tus necesidades reales, cuáles son tus obligaciones y cuáles son los gustos esenciales que querés darte. Dale a cada cosa una proporción razonable dentro de tu presupuesto, y una vez que lo hayas hecho, disfrutá sin culpas. El único límite son tus posibilidades, pero no olvides que estas siempre pueden expandirse.

Para las deudas: no creas que tener deudas es un “crimen” ni te sientas avergonzado por ello. Más bien, educate financieramente para utilizar el crédito de manera inteligente para alcanzar tus metas.

Para la inversión: ¿querés generar más ingresos? Sin duda, este es el camino para lograrlo. Ya sea que te interese invertir en conocimiento, en activos financieros, en inmuebles o en un nuevo negocio, informate acerca de cómo hacerlo. Sé prudente, pero no te dejes vencer por el temor a equivocarte, más bien analizá tus errores para aprender de ellos.

Y por favor, hacé la prueba de cambiar la preocupación por la ocupación, liberá tu mente de la culpa y la vergüenza, porque no hace falta hacerlo todo perfecto para que las cosas salgan “simplemente bien”.

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Para más información y consultas, escribir a abock@superarte.com.py

Esta nota forma parte de la revista High Class de Octubre 2017

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