Contactenos RSS Seguinos en facebook Seguinos en twitter Seguinos en instagram

Economía: Gano bien, pero no me alcanza

Cuando lo ilógico de las expectativas desafía la realidad de la billetera

Por Adriana Bock, economista

High Class Setiembre 2017 - Economía

Carolina es una profesional bien posicionada, con trayectoria y una interesante cartera de clientes. Su rubro, el de diseño de interiores, le permite disfrutar de su trabajo al tiempo que le mantiene siempre motivada ante el desafío de innovar constantemente.

Si bien Carolina percibe buenos ingresos, a veces se siente frustrada pues ella creía que, luego de 10 años de ejercer la profesión, llegaría a un punto en el cual el dinero ya no sería un problema o limitación en su vida.

No obstante, a menudo tiene la sensación de que algo no concuerda entre la cantidad de trabajo que tiene, el dinero que cobra y el saldo de su cuenta. Por ejemplo, ya le pasó más de una vez que, aun atendiendo a varios clientes con diferentes proyectos, le costó cumplir con todos los compromisos que le demandan tanto los negocios como su vida personal. “Sé que estoy produciendo, pero cada vez tengo más cuentas y no entiendo a dónde va toda esa plata. Este año me gustaría viajar a Europa para conocer las nuevas tendencias, pero no sé si voy a poder, y eso, de cierta manera, me desanima”, dice.

Aunque para algunos pueda sonar raro, casos como el de Carolina son más comunes de lo que muchos imaginarían. Incluso en el ambiente corporativo, existen ejecutivos cuyas remuneraciones rondan, o superan, los 250 millones de guaraníes al año y, sin embargo, sufren de stress financiero, es decir, manifiestan que el dinero no les alcanza para cubrir todos sus gastos; no logran ahorrar o incluso están sobreendeudados. Más grave aún es lo que ocurre con muchos de los funcionarios públicos de cierto rango o mayor antigüedad, cuyos salarios oscilan entre los 12 y 30 millones de guaraníes mensuales (dependiendo de la institución), quienes en alto porcentaje padecen lo que podríamos calificar como un “sobreendeudamiento grave”.

Insolvencia vip

A simple vista, pareciera que lo que es un sueño para muchos, para otros puede llegar a ser una verdadera pesadilla, esa en la cual cuanto más se gana más se gasta y, al final, nunca alcanza.

Más allá de la evidente contradicción entre “ganar bien” y tener una situación financiera “intranquila”, por así decirlo, creo que es importante entender cuáles son las causas más comunes que impiden que las personas –aun cuando han alcanzado un nivel de ingresos muy superior al promedio–, conquisten unas finanzas sanas y un bienestar integral sostenible en el tiempo.

Robert Kiyosaki, en su célebre libro Padre Rico, Padre Pobre, plantea de manera sumamente gráfica este fenómeno, al que denominó “carrera de la rata”. La misma consiste en una situación en la cual las personas se ven obligadas a trabajar, o a endeudarse cada vez más para solventar los lujos que adquieren a medida aumentan sus ingresos. Por lo tanto, en lugar de mejorar su calidad de vida, las personas se encuentran atrapadas en un círculo vicioso en el cual experimentan grandes dosis de stress, aunque sin posibilidades de avanzar pese al ritmo frenético de sus actividades laborales.

Esto que nos cuenta Kiyosaki es mucho más que teoría, y quienes lo hayan vivido lo saben mejor que nadie. Pero, ¿por qué ocurre?

Razón y emoción

La teoría económica postula que el comportamiento racional es el que permite la mayor eficiencia en la asignación de recursos, pero también admite que la razón no es la única fuerza que nos mueve a la acción. En este sentido, es importante reconocer que la conducta también depende de un complejo mecanismo de recompensas sensoriales y emocionales, el cual es subjetivo y a menudo contradice a la razón.

Esto podría explicar el motivo por el cual muchas personas, a medida que aumentan sus ingresos, en lugar de mejorar progresivamente su calidad de vida presente y proyectarla hacia al futuro, se enredan en las consecuencias de sus malas decisiones. Esto se debe a que, generalmente, actúan motivados por expectativas de recompensa, como la aceptación en ciertos círculos sociales, el reconocimiento de su progreso económico por parte de su entorno o el aumento de su status.

Este conjunto de motivaciones puede resultar demasiado fuerte como para que las advertencias de la razón puedan actuar como freno, y esto puede traducirse en un estilo de vida que evoluciona a un ritmo acelerado, mucho más acelerado incluso que el crecimiento de los ingresos.

Un ejemplo típico es el de un padre de familia que recibe un aumento de salario. Si bien podríamos esperar que ante esta situación el hombre recalcule “racionalmente” su presupuesto, de forma a sacar el mejor provecho económico de dicho aumento por medio del ahorro y la inversión, no sería para nada extraño que el efecto emocional de este hecho eleve las expectativas y los deseos de manera un tanto fantasiosa: inmediatamente cambia el vehículo que tiene por uno de una línea superior, elige destinos vacacionales más lujosos y eleva su nivel de gastos en todos, o casi todos los rubros que componen su canasta de consumo. El efecto final podría ser que el monto que representa la variación “para arriba” del gasto supere la variación del ingreso, produciéndose un déficit en el flujo de caja familiar, que solo puede ser compensado contrayendo más deudas. Por lo tanto, la cantidad de dinero que se necesita para solventar los nuevos compromisos es mayor, por lo que el ingreso también debería aumentar, aunque esto difícilmente pueda ocurrir en el corto plazo, al menos no sin el costo de grandes esfuerzos. Así, la “carrera de la rata” ha comenzado.

¿Cómo salimos de ella?

Una posible salida

Lo principal es tomar consciencia de que una situación como esta no es sostenible en el tiempo, y sobre todo de lo que está en riesgo –patrimonio, liquidez, capacidad de hacer frente a imprevistos, etc.–, si no se hace algo para revertirla o impedir que se agrave aún más.

Esta toma de consciencia necesariamente nos llevará a cuestionarnos si las recompensas que buscamos realmente valen la pena o son las que nos hacen verdaderamente felices, viviendo tranquilos y sin grandes preocupaciones financieras.

Indudablemente será necesario establecerse nuevas metas, tomar decisiones de manera diferente y cambiar de hábitos, pues la verdadera solución será resultado de un proceso en el cual cobren protagonismo la disciplina, la perseverancia, la planificación y, muchas veces, la austeridad.

Si permitimos que este proceso transforme nuestra manera de ver las cosas tal vez logremos experimentar un cambio en el sistema personal de recompensas, así como una madurez de las expectativas y, con ello, readaptemos los criterios que rigen nuestra toma de decisiones, hacia unos que prioricen la sostenibilidad y revaloricen todo aquello que no se compra necesariamente con dinero, pero que nos produce verdadero bien .

__

Para más información y consultas, escribir a abock@superarte.com.py

Esta nota forma parte de la revista High Class de Setiembre 2017

Comenta esta noticia



Contactenos RSS Seguinos en facebook Seguinos en instagram