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Diseño nacional: Andrea Barrail

Alta joyería: ciencia y magia

Le apasiona tanto la joyería que sabe todo al respecto. Andrea Barrail aprendió los secretos del oficio con un orfebre y luego se aventuró en el extranjero para aprender más de diseño de joyas, e incluso sobre gemología, una rama de la ciencia especializada en gemas y piedras preciosas. Con este bagaje a cuestas, crea exquisitas piezas de oro de 18k. Aretes, brazaletes y anillos, simples y minimalistas aunque cargados de historias.

Por Mariela García

High Class Julio 2017 - Diseño Nacional Andrea Barrail

Es una ciudadana del mundo. Nació en los Estos Unidos, pasó toda su infancia y adolescencia en Paraguay; y si bien actualmente vive aquí, viajó bastante para aprender todo lo referente a las joyas, entendiéndolas como lo que son: objetos preciosos de valor, atemporales, y que necesariamente deben ser de la más alta calidad. Más que accesorios, para Andrea Barrail las joyas representan pequeñas obras de arte.

Se trasladó a Barcelona a los 23 años para estudiar diseño de joyas y en 2016 se mudó a Nueva York para asistir al Gemological Institute of America, más conocido como GIA, la mayor autoridad de gemología existente. Una muy específica rama de la ciencia que estudia a profundidad las piedras preciosas o gemas. Pero su historia en este rubro inició mucho antes. Hija del arquitecto Pedro Barrail, creció rodeada de formas, colores, cultura e ingenio. Rememora cómo su papá, en busca de algo único y cargado de sentimiento, diseñaba piezas de joyería para su mamá. Allí comenzó su fascinación por ellas. En su memoria también quedaron los viajes que ellos hacían. A su retorno, siempre le traían una pequeña gema de recuerdo. Una colección que conserva hasta ahora y que, comenta orgullosa, ya puede catalogar. Algo que no se hubiera imaginado antes.

Al terminar la secundaria, creyó que seguiría los pasos de su padre, pero descubrió después que la carrera de arquitectura no era lo suyo y escogió entonces el diseño gráfico. Como siempre sintió curiosidad sobre la concepción de una joya, a la par de sus estudios en la facultad empezó a indagar sobre cómo se mezclaban los metales, por ejemplo, y cuáles eran los mejores para un determinado tipo de joya; así también, cuáles eran las máquinas e instrumentos a ser empleados en cada caso y de qué modo podría materializar las ideas que tenía en su mente. Comprender en toda su magnitud este proceso le llevó alrededor de un año, tiempo en que conoció y entabló confianza con un orfebre dueño de un pequeño taller en la ciudad de Luque. “Pasaba horas sentada a su lado, mirando como usaba metales durísimos y los manipulaba como plastilina, moldeándolos a su gusto y paladar”, comenta.

Su primera marca, Srta. Conchita, vió la luz en 2012 apostando primero por las creaciones en plata. Cinco años después continúa ofreciendo a las mujeres pequeños accesorios sencillos y minimalistas para el día a día. Con el paso del tiempo comenzó a trabajar con oro de 18k y con piedras preciosas naturales, y a desarrollar una firma paralela de alta joyería. Es así como en 2016 nace Andrea Barrail Art Jewelry.

Tradición y lujo

“Andrea Barrail es 100 % arte. Cada joya es única y está hecha a mano. Cada uno de sus ángulos está estudiado para que se posen en el cuerpo humano con gracia y elegancia; pero al mismo tiempo tratando de hacer una declaración de moda, a fashion statement”, manifiesta la diseñadora, y agrega que “fue concebida con el fin de mostrar un pedazo de Paraguay de cierta manera que resulte más atractiva, para que incluso un hombre adquiera una joya para exponerla en su casa, como si se tratara de una mini escultura”.

Necesariamente, su primera colección debía estar relacionada con Paraguay. “Siempre supe que nuestro país era una mina de oro de cultura y arte, pero no sabía de qué manera explotar esto para que el resto del mundo lo viera igual. Entonces dejé que lo que estuviera a mi alrededor me influenciara”, detalla. La respuesta la encontró en la cultura indígena y en unos muebles que había diseñado su papá, simples y con formas angulares, fiel a su estilo, bajo la consigna less is more. Estos llevaban unos grabados hechos por el pueblo Paĩ Tavyterã y Andrea identificó en ellos un patrón de formas que la enamoró por completo. Esta inspiración la combinó con la belleza de las piedras y Ambue —cambio en Guaraní—, es el resultado de este proceso creativo.

El cambio que los grabados tradicionales sobrepasaron para convertirse en joyas. Una transformación mágica. “Ellos representan la naturaleza y la vida que los rodea a través de sus dibujos. Con Ambue estas interpretaciones abstractas toman un aspecto moderno. También, cada pieza de esta colección representa el viaje que todos los seres vivos debemos experimentar para alcanzar un estado final de perfección. Convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos”, precisa.

Con diez piezas, siempre en oro de 18k, tanto la marca como la colección hicieron su debut en el Miami Art Basel por intermedio de Cristina Grajales Gallery, en diciembre pasado. A finales de marzo, en el Museo de la Silla de Asunción, presentaron otras 24 piezas, algunas ya con brillantes. Ahora, a lo largo del mes de julio contará con una Pop Up Store en selectas tiendas de la marca Maestro, con el fin de acercar así sus creaciones al consumidor local.

High Class Julio 2017 - Diseño Nacional Andrea Barrail

Diseños eternos

Existen diferencias entre diseñar para Paraguay y hacerlo para el mundo, asegura Andrea. “Los demás tienen un concepto distinto de lo que es una joya, de lo que es arte y lo que está de moda. Afuera se venden piezas más grandes en tamaño, atrevidas de cierto modo, diferentes y mucho más costosas. Nosotros en cambio, preferimos lo clásico, lo pequeño. Son factores de repente limitantes cuando uno emplea exclusivamente oro y piedras preciosas como rubíes, esmeraldas y brillantes. Sin embargo, representa para mí un desafío gratificante hacer lo posible para llegar a ambos mercados”, indica.

“De temporada” es otro concepto que, en las joyas y en la ropa, por ejemplo, no se aplican del mismo modo, indica. “En mi opinión, las prendas de vestir pueden llegar a ser desechables. Al ritmo de cada temporada, los diseños van cambiando, dejando miles atrás. En cambio, como por definición una joya implica algo valioso, si está bien hecha y es de la más excelente calidad, puede ser una inversión para toda la vida. Los diseños deberían ser timeless, algo que puedas usar tanto vos o incluso tus nietos cuando llegue ese momento. Por más que los míos de repente puedan parecer algo locos, por sus colores y la simplicidad de sus hilos, creo firmemente que en 50 años podrían llevarse igual”, asegura.

Y es que los accesorios que uno lleva dicen mucho de una persona. Andrea así lo valida, hablándonos sobre las joyas más especiales para ella. Aunque no lo usa, atesora el primer nudito de oro que realizó cuando iniciaba su camino en este mundo. Lo que sí lleva consigo son dos anillos; uno es el primer anillo de diamantes que le regalaron sus papás, finísimo y que apenas se ve, y el segundo es un obsequio que su papá le entregó a su mamá antes de casarse, de oro amarillo con un zafiro pequeño y dos brillantes también diminutos. “Jamás usaría una pieza que no significase algo para mí”, confiesa. A diario, también se la ve con un collar que adquirió en un viaje, con la forma de un caparazón, el logo de su primera marca, que simboliza para ella la fuerza que necesita para llegar a sus metas.

High Class Julio 2017 - Diseño Nacional Andrea Barrail

Las piedras preciosas

“Incomparable”, así describe la educación que recibió en el GIA. Allí realizó un máster en gemología que duró siete meses, con clases intensivas de ocho horas diarias. Los primeros dos meses se concentró netamente en los diamantes y los siguientes cinco en las demás gemas naturales empleadas en el mundo de la alta joyería. Aprendió sobre cómo nació esta industria junto con la composición química de estas piedras preciosas, como la luz interactúa con los cristales, el porqué de los cortes, el peso, el color, la venta, el marketing y un largo etcétera.

“Teníamos un laboratorio donde tras una serie de ejercicios debíamos poder clasificar los diamantes. Para obtener el certificado debíamos haber catalogado 1.500, y lo mismo fue con las piedras: rubíes, esmeraldas, peridoto, granate, turmalina, quarzo… 450 piedras diferentes”, explica, señalando particularmente que, con las gemas, el tono es lo más importante. “Una simple variación en el color representa una diferencia de miles de dólares en su valor”, señala.

“Me di cuenta de que no tenía idea de nada. De cuánta ciencia y magia convergen en este mundo, en esta industria. Más que vender, es embellecer aún más estos regalos de la naturaleza. Ninguno tiene una copia exacta, cada uno es diferente, con una identidad propia y una historia que contar”, destaca. En el GIA conoció a personas que nacieron inmersos en este arte, con antepasados que se dedicaron a la minería y a la fabricación de joyas. “La familia de uno de mis compañeros tiene su propia mina de zafiros en Kashmir, al norte de India, y otro trabajaba nada más y nada menos que para la mítica joyería Tiffany”, rememora. Tras esta enriquecedora experiencia ya no ve los colores del mundo con los mismos ojos, algo que la llena de felicidad. “Mi vida ahora brilla más”, asegura.

Ahora, su brújula apunta nuevamente al hemisferio norte. En los siguientes meses del año planea volver a la Gran Manzana e ir a París, llevando consigo su wearable art, compuesto de algunas piedras preciosas adquiridas en Nueva York y Brasil. Tras estos viajes emprenderá una travesía por la India, en busca de nuevas gemas para la próxima colección.

Entre tanto, ocupa su tiempo con las diligencias propias de una empresa. Entre contestar a los clientes, realizar trámites de exportación, mantener sus redes sociales actualizadas (@andreabarrail y @srtaconchita en el Instagram), tomar fotos de productos y visitar el taller, fácilmente pasan 12 horas. Pero su parte favorita del día es, indudablemente, sentarse, tomar el lápiz y crear.

Esta nota forma parte de la revista High Class de Julio 2017

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