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Coaching: Vivir emocionándonos

Las emociones son incontrolables, pero es posible aprender a gestionarlas

Por la Lic. Daisy Abente, psicóloga y coach ontológico

High Class Julio 2017 - Coaching

José es un joven emprendedor que junto con un amigo abrió una lomitería. Pero las cosas no marcharon como esperaban y a los dos meses tuvieron que cerrarla, lo cual dejó a José un poco triste, desilusionado y con miedo. Sus ganas de volver a emprender quedaron dormidas.

Este es uno de los tantos casos que recibimos en el Consultorio Financiero. Su característica principal es que más allá de los números, están marcados por la fluctuación de las emociones. Ahí radica la base para movernos en la vida.

Las emociones aparecen por situaciones o cosas que nos sucede. No podemos pararlas y generalmente duran poco tiempo; tienen un componente biológico y no podemos escaparnos de ellas.

Las emociones están en nosotros siempre, a veces somos más conscientes de ellas y otras no tanto. En ese sentido creo que hay dos miradas interesantes: las emociones nos tienen y nosotros las tenemos a ellas. Con lo primero quiero decir que la emoción dictará nuestros pensamientos y acciones. Es decir, influirá en lo que somos, decimos y hacemos. Lo segundo se refiere al modo en que nosotros podemos influir en ellas, tomando consciencia de su existencia. Por lo tanto, de alguna u otra manera, son las emociones el eje de nuestras vidas.

Hay emociones básicas como la tristeza, el miedo, la ternura, la rabia, el asombro o la alegría. Cada una de estas emociones nos lleva a una acción particular, y si permanecen en el tiempo se transforman en estados de ánimo. Estos sentimientos hacen que seamos quienes somos.

Creo importante que podamos pensar en estos pasos en relación a las emociones:

1. Conocerlas e identificarlas. En primer lugar es necesario reconocerlas y saber nombrarlas, por ejemplo, con estas preguntas de referencia: ¿qué estoy sintiendo?; ¿qué me genera esta situación?; ¿cómo se llama esto?; ¿en qué consiste?

2. Darles la bienvenida. Es importante aprender a aceptar las emociones ya que ninguna es buena ni mala, todas son importantes y valiosas. Permitirnos sentir es sanador. Dejemos que las emociones realmente nos habiten y experimentemos lo que entonces sucede. Es bueno reconocer que ellas están presentes, dejarlas estar y expresarlas sin herir a nadie; ni a nosotros mismos ni al otro.

3. Aprender a gestionarlas. Las emociones son incontrolables. La buena noticia es que es posible aprender a gestionarlas. Solo debemos preguntarnos: ¿qué hago con esto que siento?; ¿qué hace que me sienta así? Se trata de hacernos cargo de lo que sentimos, de modo a entender de dónde provienen las emociones y qué provecho podemos sacar de ellas. Hay muchas estrategias para gestionar las emociones, algunas más válidas que otras como la meditación, otras más simples como una mirada en el espejo para vernos con consciencia o buscar distraer a la emoción por un momento, entre muchas otras. Lo más importante es el deseo de querer aprender a expresarlas asertivamente y poner manos a la obra.

4. Valorar sus resultados. Todo lo que hacemos y tenemos es resultado de lo que somos por dentro. Por lo tanto, darnos cuenta de que esos resultados son generados por nosotros mismos es de gran valor porque nos posiciona como protagonistas de nuestras vidas. Si no estoy conforme con la cosecha debo evaluar la siembra y preguntarme: ¿qué puedo cambiar en lo que estoy viviendo?; ¿qué cosas están bajo mi control?; ¿qué puedo hacer que las cosas sean diferentes?

Como siempre, las mejores repuestas están en nuestro interior. Por eso debemos hacernos las preguntas que nos lleven no solo a conocernos y entendernos, sino, sobre todo, a encontrar las claves que nos ayudarán a dar en el ojo con el cambio que buscamos. El autodescubrimiento es un recorrido sin fin. Todas las veces que lo transites encontrarás magia en tu interior.

Para más información y consultas, escribir a dabente@superarte.com.py

Esta nota forma parte de la revista High Class de Julio 2017

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