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Coaching: La decisión de ser mamá

La impronta imborrable de nuestras vidas

Por la Lic. Daisy Abente, psicóloga y coach ontológico

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Cuando tuve a mi primer hijo, hace ya 12 años, me lamentaba cambiándole el pañal, reclamando: ¿por qué nadie te cuenta sobre lo tedioso de la maternidad? Siempre se hablan de las cosas buenas y románticas, pero la cruda realidad no te la cuenta nadie. Ahora, mirando de lejos y algo más madura, puedo llegar a creer que es porque cada quien descubre las cosas según su perspectiva.

Sin duda, la maternidad es una elección, y hoy más que nunca con la tecnología y la nueva vida que nos toca. Y al ser una elección todas las posibilidades son válidas. Ahora lo más importante es analizar: ¿soy consciente de lo que elijo? ¿Estoy percatándome de las consecuencias? Y más allá del factor económico, que es importante, también considerar el factor emocional y preguntarse: ¿estoy preparada para criar y educar a un hijo en este momento? ¿Qué calidad de cuidado podré darle? Todo esto al margen de que siempre sostengo que los padres, en general, dejamos una impronta particular en nuestros hijos, ya sea por exceso o carencia, y somos cada uno de nosotros quienes tenemos que amigarnos con este legado de la vida. Comprender y aceptar lo que nos tocó vivenciar es el primer paso.

Como experiencia humana, el ser padres deja una impronta imborrable. Tal como empecé más arriba, me parece bueno recordar a las madres estos puntos que tienen que ver con ellas mismas:

  • Tu tiempo deja de ser tuyo. Desde el momento de tener un hijo, el tiempo del bebé pasa a ser el tuyo y tu tiempo se desdibuja. Obviamente, según pasan los años, los tiempos que requieren los hijos van cambiando, pero definitivamente las actividades y las cosas que viven los hijos son el eje de la vida de la mamá. Apenas puedas recuperar tu espacio, y de a poco empezar a hacer cosas que te gusten por lo menos algunas horas en la semana, estará mejor.
  • Tu lugar deja de ser el primero. Cuando tenés un hijo automáticamente dejás de pensar en vos para pensar en él o en ella. Desde lo que comprás hasta lo que vestís, comés, etc. Esto por un deseo natural de querer complacer al más amado en todo lo que puedas. En este punto hay que recordar que los límites hacen bien.
  • Sos un ejemplo que camina. Sabemos que nos miran y copian, casi no nos escuchan. Más allá de todos los discursos, los hijos nos tienen como sus modelos a seguir, hasta que ellos empiezan a rebelarse y a buscar otros modelos. Los hijos nos sienten, miden la temperatura emocional que tenemos y sin decir palabras saben lo que nos pasa. De alguna manera, esto hace que ellos sean nuestros espejos. ¡Atentis con lo que hagamos entonces!
  • Lo que pensás y decís es la base. Sin duda alguna, como padres guías de estos seres humanos que decidimos traer al mundo, somos la base de su mentalidad y sus creencias. Los juicios maestros que dejamos los padres en ellos son grandes. Por lo tanto, debemos estar conscientes de lo que decimos y pensamos ya que eso será la semilla que luego germinará.
  • Los hijos no son tuyos. Aunque los hayamos parido, reconozcamos que no son de nuestra propiedad. Son nuestra más bella extensión de amor; respetarlos y amarlos con coraje y valentía es nuestra misión. Por lo tanto, buscar que ellos quieran sean felices con sus estándares, y no con los nuestros, es la gran tarea.

En resumidas cuentas, mujer: cuando seas mamá no te pierdas. Pues en medio del día a día tan agitado es bueno que te cuides, te quieras, te valores y te respetes. Porque en la medida en que vos estás bien, tus hijos estarán bien. ¡Feliz día a las mujeres que eligieron ser mamás! ¡A honrar el rol!

Esta nota forma parte de la revista High Class de Mayo 2017

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