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Benedict Cumberbatch

De 221B Baker Street a superhéroe de Marvel

El primer amor de Benedict fue el teatro, habiendo dado sus primeros pasos en producciones shakesperianas de Londres para luego actuar en televisión, donde pasó casi desapercibido hasta que, en 2010, estrenó su primer episodio como Sherlock Holmes en la serie Sherlock, de la BBC. Desde ahí, no ha hecho más que ascender y, en escasos seis años, ha participado en decenas de producciones hasta llegar a Doctor Strange, la nueva película de Marvel.

Por Patricia Luján Arévalos | Entrevista y fotos: cortesía de Filmagic

Benedict

El doctor Stephen Strange es un exitoso neurocirujano que, tras un accidente, se ve imposibilitado de seguir ejerciendo la profesión por la que tanto trabajó. Strange se embarca en un viaje para curar sus manos y volver al quirófano, pero termina encontrándose con un mundo que no imaginaba. Desde las primeras etapas de producción del filme, el interés de Disney estuvo fijo en Benedict Cumberbatch. “Al principio no sabía mucho de los cómics, pero me enteré de este proyecto y sabía que Marvel estaba interesado en mí. Cuando Scott Derrickson (el director) se unió, me reuní con él y me contó que estaba realmente interesado en que yo le diera vida al papel”, cuenta el actor.

El problema se presentó cuando llegó el momento de rodar y Benedict ya estaba comprometido con otros dos proyectos, la nueva temporada de Sherlock y la puesta en escena de Hamlet en Londres el año pasado, donde cientos de fans se reunían todas las noches solo para verlo al salir del teatro. Marvel y Disney tanto quisieron a Benedict en el papel que movieron las fechas de rodaje solo por él. A partir de entonces, empezó a adentrarse en el mundo de los cómics de Doctor Strange.

“Stephen Strange me pareció una muy buena compañía, a pesar de su arrogancia. ¡Y el viaje que emprende es extraordinario! Pasa de estar completamente arruinado, a constituirse en un consumado superhéroe hacia el final de la película. Y, algo muy importante, con mucho humor en el camino. Hay muchísima acción y drama. Todos esos elementos realmente me seducen como actor. De manera que el arco del personaje y el viaje que atraviesa en la película fueron principalmente lo que más me atrajo del material”, comenta el actor.

Cumberbatch tiene un interés especial poreste mundo mágico y espiritual. Cuando terminó la secundaria, viajó como voluntario por un año a enseñar inglés en un monasterio tibetano, en la India, donde fue testigo de una transformación dentro de sí mismo: “Leí cosas como The Tao of Physics de Fritjof Capra, y Zen and the Art of Motorcycle Maintenance de Robert Pirsig; también estudié textos budistas y ciertos libros científicos sobre cosmología. Todas las mañanas y todas las noches tenía la posibilidad de presenciar extraordinarios rituales y sabiduría ancestrales. Todo esto realmente me abrió la mente a los 19 años, de manera que este material para mí enseguida tuvo mucho sentido”, relata.

¿Las historietas también te atrajeron al proyecto?
Los cómics en sí mismos poseen unos dibujos magníficos. En particular Dentro de Shamballa, que es una pieza independiente, muy hermosa y con una atmósfera especial. Esa clase de riqueza visual se traslada de inmediato a un entorno cinematográfico del siglo XXI ya que disponemos de herramientas cinematográficas extraordinarias. Tenemos la más extraordinaria, fantástica y descabellada aventura, algo  que Marvel perfecciona con cada película que hace. La importancia de los entornos y el contexto, y la acción en esos entornos, nunca ha sido tan rica. Será una experiencia cinematográfica espectacular.

¿La arrogancia del doctor Stephen Strange lo llega a volver antipático?
Parece arrogante al punto de volverse antipático; y, sin embargo, uno de algún modo igual simpatiza con él. Posee un gran encanto. Tanto al principio como al final de la película, uno lo ve como una persona solitaria, pero hacia el final ya se ha convertido en un superhéroe y todos sabemos que esa tarea tiene su precio y suele conllevar una vida solitaria. No muchas  personas pueden entablar relaciones duraderas cuando sus prioridades son siempre los demás y están en otro lugar.

Creo que tener un superhéroe que comienza siendo un personaje complejo y que no cae simpático de inmediato es osado porque insta al público a guardar cierta reserva. En lo personal, a mí nunca me gustó esa suerte de “domesticación” del héroe, que tiene esa suerte de ternura y carácter adorable y que es heroico de principio a fin. ¡Prefiero la crispación a lo adorable, sin duda! El hecho de que Strange sea una persona real, con una personalidad, una historia, una profesión y un estatus social que no es algo que ha heredado, sino que ha alcanzado por mérito propio, lo hace mucho más interesante. Y en cuanto a su conversión en superhéroe, si bien de algún modo es accidental, tiene que luchar por comprender, dominar y aceptar su destino. No es un dios nórdico. No le picó nada extraño. No le cae nada de otro planeta.

¿Qué lo vuelve accesible para nosotros?
Stephen Strange sufre muchísimo durante la película, no solo física, sino también psicológicamente. Lo que le sucede en el momento del accidente es tan inesperado que uno ve cómo todo su mundo se desvanece en pocos segundos. Sufre una humillación tras otra, y debe enfrentar toda clase de adversidades inimaginables, tanto físicas como psicológicas. Uno puede ponerse en su lugar. Y esa es la clave para lograr empatizar con el personaje. Cuando descubre que tiene una misión que va más allá de sí mismo, se produce un punto de inflexión que hace que la gente lo apoye y simpatice con él, y comprenda que este momento ―y lo que sucede a partir de él― es la razón por la que ha atravesado todo ese sufrimiento. Lo llamativo de su historia de origen es que es un personaje que surge de cero, y hay un verdadero antes y después.

A fin de prepararse lo mejor posible para el papel, Benedict pasó un buen tiempo estudiando sobre neurocirugía con el apoyo de un consultor neurocirujano. Que Doctor Strange fuera lo más realista posible fue una prioridad para el actor, así que aprendió de memoria procedimientos como el lavado quirúrgico y cauterización de heridas. También leyó libros de famosos doctores para comprender el lado humano de la práctica.

Para las escenas más técnicas, fueron recreados quirófanos fieles a la realidad, pero con las condiciones de un estudio cinematográfico. “Eran espacios de proporciones cómodas para interpretar, pero, a su vez, estaban especialmente cuidados para que fueran lugares donde se pudiera llevar a cabo una neurocirugía, exceptuando al no tan aséptico equipo de producción del siglo XXI”, dice Benedict entre risas.

Gracias al entrenamiento del asesor técnico, no tuvo muchos problemas a la hora de actuar las operaciones, aunque estuvo todo el tiempo rodeado por una enfermera real en el set. Además, muchos de los extras tenían práctica médica, así que la experiencia en la grabación es casi real. Como cirujano, Stephen Strange escucha música mientras opera y le gusta tener todo bajo control, explica el actor: “Les toma el pelo a sus colegas, pero es en un tono sano y amistoso. Ese aspecto de él es muy simpático, solo que su arrogancia es bastante poco atractiva. Pero no es algo que llegue a hacerlo odioso: de lo contrario, no tendría la posición que ocupa y nadie podría trabajar con él en cirugía. Es un médico reconocido. Lograr dar con el humor adecuado para mí era clave. No quería que fuera demasiado seco ni demasiado serio. Quería que el público se divirtiera con esta experiencia y esta aventura. Y eso espero que se note en la película”.

El realismo también estuvo presente en las locaciones, ya que la producción se trasladó a Nepal para gran parte del filme. “Gran parte de esta película se vio beneficiada por eso. La misión de Scott Derrickson era ofrecer una película de acción real lo más auténtica posible, de modo que todo lo fantástico de la historia tuviera un fundamento en la realidad. Nepal fue increíble, fue una forma mágica de comenzar el rodaje. Una ciudad hermosa, muy hermosa, y un pueblo maravilloso. ”, explica Benedict. Para él, la experiencia en Katmandú fue esencial para Doctor Strange.

Benedict Cumberbatch.

¿Qué podés decirnos del reparto?
El reparto de esta película es absolutamente inspirador. Poder interpretar junto con Tilda Swinton, Mads Mikkelsen, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg y mi amigo Chiwetel Ejiofor fue fantástico y un verdadero lujo. No es solo que yo deseo dar vida a este personaje extraordinario. Otras personas se sienten atraídas al material porque saben que estoy involucrado. Eso es algo inmensamente halagador y reconfortante, y que me inspira continuamente. Este tipo de cosas ya de por sí son divertidas, pero cuando además cuentas con un reparto de esta talla, directamente es una dicha. Lo más magnífico de estas personas es que no solo se destacan a diario con su trabajo, sino que todos los adoran. Lo hacen con un estilo y un humor únicos. Definitivamente son buena compañía. No podría imaginar un reparto mejor. Es un reparto soñado.

¿Tuviste que entrenarte para el papel?
Sí. Uno debe estar en buena forma. Comencé a ejercitarme para esta película, no solo para estar más armado y rellenar el traje de este superhéroe, por así decir, sino también para tener mayor resistencia, poder aguantar golpes, pasar cinco días realizando múltiples tomas para las escenas de lucha y hacer una secuencia de acción hacia el final de la película.

Tenés que concentrar la fuerza en la parte central de tu cuerpo, poder sostenerte bien. Moverte bien. Así que debés tener fluidez. De modo que además de practicarlo como un ritual de entrenamiento para ganar músculo y fuerza, realicé mucho trabajo postural y de equilibrio con un tipo de yoga fluido y poderoso. Sudás y desarrollás músculo, pero todo se conecta con tu movilidad. Este entrenamiento comenzó antes de que empezara a hacer Hamlet, lo que significaba un mínimo todas las noches de tres horas de trabajo cardiovascular. Luego, durante el día debía entrenarme físicamente y ensayar para esta película y cuidar un bebé. Eso sin duda te mantiene despierto y en forma

Doctor Strange está protagonizada por Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Benedict Wong, Michael Stuhlbarg, Scott Adkins, Benjamin Bratt, Mads Mikkelsen y Tilda Swinton, bajo la dirección de Scott Derrickson.

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