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Arte: Regina Rivas

Sobre el amor y otros demonios

Siempre hay algo que contar sobre esta ilustradora. Hace exactamente cinco años, salía en High Class hablando de sus accesorios y objetos decorativos. Desde entonces ha crecido tanto, como persona y como artista, que quisimos partir de cero para cubrir todas las bases, desde sus cuadernos donde dibuja a mano alzada hasta sus ilustraciones digitales de contenido erótico que desafían al público a explorar su consciencia, sus deseos y sus prejuicios.

Por Patricia Luján Arévalos

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Difícilmente desconozcas el trabajo de Regina Rivas. Lo habrás visto estampado en prendas, en maniquíes, en tazas, en accesorios y, claro, en cuadros. Habrás visto a sus personas y animales representar tus experiencias, tus momentos y hasta tus sentimientos, o habrás visto su interpretación de las casas más emblemáticas del centro de Asunción. Gracias a eso te habrás hecho una idea de la mujer detrás de la imagen, una persona interesante y talentosa, y también insegura y en exploración permanente de su propio lenguaje personal.

Me senté a conversar con Regi con un par de tazas de café en frente porque sé lo mucho que le gusta tomarse un espresso o un cortado (o ambos, dada su cuasiadicción a la cafeína) mientras habla. No puedo evitar sonreír mientras charlamos porque me acuerdo de la primera vez que vi su trabajo, en una muestra habilitada en el Centro Cultural Juan de Salazar hace ya siete años, y de las tantas cosas que han cambiado desde entonces.

El paso del tiempo se nota en su obra; en la evolución de sus dibujos y, notablemente, en los temas que escoge. Mientras nos saludamos, saca unos cuadernos de su bolso y empiezo a hacerme una idea más clara de cómo es el mundo interno de Regina. “Para dibujar hay muchos procesos y cada dibujante tiene el suyo”, explica, y agrega: “Las ideas me vienen de lo que me pasa, de lo que escucho, de lo que siento, lo que me cuentan, en ese sentido es como autobiográfico. Estos son los dibujos de verdad, para mí. Los que necesitaron salir inmediatamente, que después voy puliendo y agregando colores”.

En cada página hay una especie de boceto que va desde un par de líneas para ilustrar la idea original hasta un cuadro completo con detalles de fondo, que luego pasa a ilustración digital. “Yo tengo tan buena memoria, que tengo miedo de un día olvidarme de todo. Entonces el dibujo me sirve como un registro, y poder anotar cosas al margen me ayuda. Aparte, me gusta escribir, aunque no soy buena en eso, por eso necesito que haya comentarios ahí”, comenta. 

A veces, las experiencias que comparte o las fantasías que dibuja no son las suyas propias, sino confidencias anónimas que transporta a imágenes. “Tengo un cuaderno desde 2008 donde colecciono secretos. Pido a mis amigos o conocidos que me cuenten algo que nadie sepa, puede ser algo supertonto, pero la gente está tan en shock que me cuenta cosas sin pensarlo. Por supuesto, hay un acuerdo implícito, así que yo también cuento algo. Hay dibujos que parten de este intercambio”, explica Regina. 

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La otra Regina

Hay un motivo recurrente en tus dibujos, esta mujer con dos cabezas que se viene repitiendo desde hace años. ¿Qué representa?

Me estás preguntando algo que estoy pensando hace exactamente tres semanas (risas). Yo siempre sentía que algo no estaba tan bien dentro de mí, puede que por mi manera de pensar, porque tengo ideas totalmente opuestas, a veces, y pienso que ambas son correctas. Me di cuenta de que tenía esa dualidad, tengo otra Regina dentro de mí que mira las cosas de forma diferente y se siente distinto. Es la segunda vez que hablo de esto, me gustaría escribir una historia.

¿Cómo sentís a la otra Regina?

Hay días en que amanezco yo y por la tarde, está la otra. Podés no saber con cuál estás hablando, pero la existencia de una no invalida a la otra. De hecho, son varias Reginas y por supuesto que no es esquizofrenia, sino distintas partes de mí misma. Convivo con ellas en mis dibujos y pocas personas pueden leer el trasfondo, hace unas semanas me puse a buscar todos los dibujos de la mujer con dos cabezas para saber en qué momento apareció, porque no fue un ejercicio consciente. 

¿Hay una Regina que todavía no mostraste al mundo?

Sí, hay cosas que una no cuenta o que las cuenta de manera tan sutil que solo alguien que te conoce demasiado va a poder entreverlas. Pero ese no es el caso, es solamente un elemento más del dibujo y no es mi intención que alguien tenga que leer ese trasfondo. Hay muchas cosas que pensé guardar para mí y terminé compartiendo, pero es porque me inspiro en mis propias experiencias de vida. Es inevitable mostrarse un poco. 

¿Cómo se traduce esto en tu serie Mamacitas Club?

Gran parte es real, pero tampoco todo es cierto (risas). Claro que hay una gran mezcla de fantasía y realidad, pero más se trata de cómo vi o sentí esa situación, no de cómo fue literalmente. Nosotros dependemos demasiado de la mirada del otro, pero ¿qué es una personasino el cúmulo de sus experiencias? La lectura inconsciente de cada persona depende de eso y el dibujante también. 

Como dije en una entrevista hace poco, la ilustración es, para mí, el arte más democrático, a pesar de que hay gente que no lo considera arte; si no hacés machas, no sos artista (risas). Y no es que yo me considere artista porque es un título muy grande y si te lo van a dar, te lo tiene que dar la gente. 

Vos podés tener un dibujo que la gente va a entender de mil maneras. Pueden entenderlo de diferente forma a lo que vos propusiste, pero lo van a comprender porque no necesita un traductor al lado, o leer 200 años de historia del arte para entender. El dibujo es directo y mientras más honesto es, más llega a la gente. 

¿Cómo nació Mamacitas Club?

Nació cuando estaba haciendo mi diario ilustrado. Creo que el dibujo que inició todo esto fue aquel que decía Memoria Fotográfica y había diferentes penes. Era un chiste gráfico y lo subí en un contexto de esas peleas en Twitter sobre Queremos Mamá y Papá, era una forma de mandar eso al caño. 

En realidad, yo siempre dibujé personas desnudas, pero con Mamacitas empezó un estilo distinto. Memoria Fotográfica fue el más explícito que hice en mi vida, me pareció tan simpático que le mostré a mi hermano y se mató de risa, y fue un momento en que me di permiso de mostrar más esa parte de mí que siempre existió.

¿Cómo se dio esa liberación?

Fueron dos razones principales; la primera es que siempre fui una persona muy sexual (risas) y la segunda es que subí de peso, entonces tuve que encontrar una forma de reconciliarme con mi cuerpo. No hubo un disparador específico, sino una serie de sucesos que se sumaron. Veo muchas chicas que son unas diosas y viven acomplejadas, o que son muy pendejas y son discriminadoras, o ya son bastante grandes y todavía no viven su libertad sexual.

Dibujo desde una óptica femenina para un público femenino. Cuando publiqué Memoria Fotográfica, muchas chicas me escribieron al privado a contarme que se sintieron identificadas, y eso me hizo sentir muy bien. Con Mamacitas Club se van destapando historias, fantasías, cosas que no sabías que estaban ahí. Todos los días pienso en qué voy a dibujar, y es un desafío porque cuando una empieza una serie se pone una meta.

Es también una forma de transmitir a los hombres que, en el sexo, somos exactamente iguales, con la única excepción de que podemos embarazarnos, lo que nos hace más cautelosas con la pareja que vamos a elegir. A lo que me refiero es que la sexualidad depende de cada persona, no tiene que ver con su género.

Leé la entrevista completa en la revista High Class de febrero 2017.

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