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Arte: Jorge Sáenz

Retrato de un fotógrafo

Esta es una de historia de fotos. Por el valor de su obra y su influencia sobre la nueva generación de fotoperiodistas, Jorge Sáenz, autor, editor fundador del colectivo El Ojo Salvaje, es considerado uno de los principales impulsores de este género en nuestro país. Un artista icónico, que, través de sus registros y ensayos, provee un rollo de información, de contextos y del relato que enmarca, de la lectura de sus fotografías, un capítulo completo que merece ser observado.

Por Gabriela Fariña

High Class Noviembre 2017 - Arte Jorge Sáenz

Jorge Sáenz, argentino de nacimiento, es un artista que con sus obras confirma que la fotografía es una realidad observable pero también onírica, que abarca un amplio espectro de impresiones y emociones. Lo suyo es catalogado como fotografía documental profunda, de largo alcance. Su fama de avezado fotorreportero le conduce a numerosos destinos y vivencias por el mundo. Con la cabeza, el ojo y el corazón alineados, en 1989 se establece en nuestro país para ejercer el periodismo militante de la verdad a través de la imagen y formar su familia.

Ha trabajado como fotógrafo y editor de fotografía en medios argentinos y paraguayos, tales como Página12, Última Hora, ABC Color, Noticias, Revista 23, Clarín, entre otros, además de desempeñarse como corresponsal de agencias internacionales como AFP y AP. En el ámbito de la educación, dirige, desde 2001 hasta la actualidad, talleres de ensayo fotográfico en Paraguay y Argentina, propuestas que terminan siendo auténticas muestras artísticas. Sus obras han conquistado importantes galardones y es convocado como jurado en varios concursos internacionales.

Su elegancia, pulcritud y una cuidada estética lo convierten en un referente para las siguientes generaciones de fotógrafos. Colaborador habitual de la agencia The Associated Press desde 2003, entre sus señas de identidad figuran fotografías que aparecen en libros internacionales, como el Polaroid Book, (Editorial Taschen, 2004), en revistas como Newsweek, Time, National Geographic, y en periódicos de todo el mundo como New York Times, The Guardian, Washington Post, Le Monde, El País y otros.

Hay otra faceta de Jorge Sáenz: la investigación. En esta tiene seis ensayos fotográficos publicados en forma de libro y dos catálogos: Niños del Paraguay (Dachau, Alemania, 1994), El Aburrimiento (Asunción, 1995), Rompan Filas (Paraguay, 1996), El Embudo (Paraguay, 1997), El amigo de Hortensia (Paraguay, 2005), Fotografío por Necesidad (Asunción, 2004). La lista prosigue con 400 (Asunción, 2010), Todos los Pájaros Crecen (ganador del premio Felifa 2010, en Buenos Aires), Clases / Paraguay 2003-2013 (publicado por el Centro de Fotografía de Montevideo en 2014), entre otros. Conversamos con él para conocer más sobre su trabajo y su particular visión del periodismo gráfico.

Contanos, ¿cómo te aproximaste a la fotografía?

Durante la adolescencia, la relación con mi padre era bastante mala, como lo es para muchos… Él era profesor de un secundario técnico y, además, un fotógrafo aficionado, pero sabía más que muchos profesionales. Recuerdo que me prestó una cámara Agfa Silette modelo 1953, para un viaje que quería hacerlo solo a Perú, en 1977, cuando cumplí 19 años. Conseguí sobrevivir un mes viajando y, a la vuelta, papá me enseñó a revelar los rollos blanco y negro, y después a copiar las fotos por las noches en un laboratorio improvisado al fondo de nuestra casa. Presentó dos de esas fotos en un concurso local y ganaron premios. Su complacencia me estimuló. Hasta que él murió, la fotografía siempre fue la única manera de comunicarnos bien.

A lo largo de tu trayectoria demostraste un compromiso y una ética no solo hacia lo estético de la fotografía, sino también hacia los derechos humanos. Desde tu perspectiva, ¿cuál podría ser el principal aporte del fotoperiodismo a una sociedad?

Es que la ética es estética, dijo un filósofo. El fotoperiodismo, al igual que el periodismo en general, puede ayudar algunas veces a mostrar claramente una injusticia de las muchas que en esta sociedad se cometen diariamente, si ello empalma con la conciencia y voluntad de cambio de un sector importante de personas, entonces el círculo se completa. Por ejemplo –y disculpen que sea un ejemplo propio–, pero lo uso porque lo conozco mejor: de nada hubiese servido mi libro Rompan Filas, un ensayo en el que trabajé seis años, y que denuncia los abusos contra los soldados dentro del Servicio Militar Obligatorio (SMO), si no hubiese sido tomado como herramienta valiosa por un grupo de valientes jóvenes del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) de Paraguay y que, a través de su militancia, consiguieron finalmente que se apruebe la ley. Cuando se publicó el libro, dentro de la campaña del MOC, en 1997 había más de 20.000 soldados en el SMO, muchos de ellos menores de 16 años, y se registraban unas 5 a 7 muertes por año, por abusos de oficiales y suboficiales mayormente. Hoy creo que no llegan a 2.000 los conscriptos, y los abusos han descendido proporcionalmente, pero aun así no han terminado. Son más de 300.000 jóvenes los que se han beneficiado de esa ley, y ser parte de ese movimiento que probablemente salvó unas cuantas vidas, me hace sentir muy orgulloso de mi trabajo. En la producción de ensayos documentales siempre hay una pulsión interna que te provoca. Muchas veces, inconscientemente, imagino que yo pensaba en el futuro de mis hijos paraguayos cuando hacía el ensayo mencionado. Si las cosas están bien hechas, habrá alguien dispuesto a usarlas, hoy o mañana, para hacer conscientes a otros muchos, y así, cambiar situaciones.

Lo que hay detrás de cámara genera intriga: ¿qué peligros habitualmente enfrentan los fotorreporteros durante y después de sus coberturas?

Yo creo que el peligro que temen hoy la gran mayoría de reporteros gráficos no está en las guerras, como la gente piensa e idealiza. Pero pasa que los medios y el cine se encargan de construir esa imagen del fotoperiodista “X”, hombre blanco y ciudadano del hemisferio norte, preferentemente con una vida individualista, romántica y valiente que esquiva las balas y coches bomba para llevar sus imágenes “compasivas” al resto de los mortales. Después se lo verá vestido de frac y moño recibiendo premios con nombres de famosos también nórdicos y blancos… A nadie obligan a cubrir un conflicto bélico, y son una ínfima minoría los que están expuestos a eso. Si tomamos el conjunto global de reporteros gráficos del mundo, los freelancers –que van a las guerras y conflictos– están totalmente desprotegidos y sufren las consecuencias más dramáticas algunas veces.

La mayoría hemos adoptado con amor esta profesión, motivados por una curiosidad sin límites y, estar en ella, es a la vez un gran privilegio y responsabilidad que nos permite ver las cosas que pasan en la realidad, sin intermediarios, y en el momento en que estas se producen. Consecuentemente, también nos permite opinar con la mayor honestidad posible en lo que comunicamos al público, ya que no existe el periodismo neutral ni equidistante. En algún sentido, este oficio se parece mucho al arte, porque para ser potente y original, se requiere de mucha libertad individual a la hora de investigar y de editar los materiales. Pero esa libertad es cada vez menor y está cada vez más condicionada a los intereses de la orientación política del medio. Mirando ya desde un punto de vista global e histórico a nuestra profesión, podemos afirmar que estamos atravesando coyuntura de profundas transformaciones estructurales de los medios de comunicación clásicos, y a veces con una carga negativa para los trabajadores. Esta realidad tiene que ver con la crisis de este sistema económico tan contradictorio, en donde la evolución técnica de los medios utilizados permite emplear cada vez menos personas, pero esas personas no tienen luego adonde ir… Más tecnología, pero para vivir peor, muy “darwinista” la selección de a quiénes toca la varita mágica, por otra parte.

High Class Noviembre 2017 - Arte Jorge Sáenz

Los dinos de Jorge

Su experiencia documentalista y su sensibilidad artística, le permite a Sáenz innovar por medio de la intervención de la realidad. De todas sus series o ensayos, posiblemente una de las más famosas, o al menos una de las más populares, es #Dinanoserie, que se hizo famosa mundialmente en Instagram, donde los internautas expresan su cariño hacia esta aventura encabezada por Dino y, a la que cada vez se suman otros personajes jurásicos. En sus instantáneas de viajes, juguetea con los dinosaurios con un magnífico sentido del humor. Al mismo tiempo, su impronta lúdica muestra puntos finos de nuestra sociedad, haciendo un contraste entre la modernidad y los rezagos. Su éxito es tal que ha recibido elogios de medios muy importantes en el mundo como Washington Post y National Geographic.

¿Cuándo y cómo entran los dinosaurios de juguetes a intervenir en tus obras?

¡La primera foto fue esa en que Dino está en medio del living y mi compañera Alejandra en el balcón, los “liked” saltaron de unos 50 que tenía de promedio en Instagram a más de 200! Como todo proyecto fotográfico no documental, para mí al principio solo “surge” con la foto, de manera totalmente inconsciente y espontánea. Después, y gracias al feed back del público (de Instagram, en este caso), genera en mí el interés por una investigación más seria, la racionalización del asunto. Y luego surgen los proyectos a largo plazo. Traté de explicármelo, leí, busqué y me encontré con la novela Cartas persas, escrita en la Francia post revolucionaria por Montesquieu (1689-1755). En este relato, un inocente ciudadano persa, de visita en París, escribe cartas a los suyos, en las que se asombra por distintas cuestiones que ve en la sociedad francesa del momento. Su distancia cultural y personal con los hechos y eventos hacen más creíbles sus observaciones, y la potencia de su “inocente” crítica. Las fotos y los textos de los Dinos se inscriben en un fenómeno semejante. Desde el punto de vista fotográfico, el efecto realista de algunas tomas se debe al uso de la perspectiva renacentista (desde un solo punto de vista) y la gran profundidad de campo (todo en foco) de la corta lente del iPhone.

¿Cómo lográs mantener la motivación y frescura en las instantáneas de la #dinodinaseries? ¿A qué creés que se debe el éxito?

La realidad humana está tan llena de cosas y contradicciones para comentar y criticar que el estímulo es constante, solo hay que tratar de mirar y pensar cómo pensaría un extraterrestre que recién llega al planeta, sorprendidos por nuestras relaciones con otros miembros de la especie o con la naturaleza.

¿Cómo son los protagonistas de la #dinodinaseries?

Cada personaje de #dinodinaseries tiene un carácter por el que se distingue en los comentarios. Dino es el grandote medio inocente y simplón, líder del grupo por ser el más viejo. Dina, por su parte, es más salvaje y siempre protege a sus crías. Brachy, la novia de Dino, es una feminista convencida y nunca se relega con sus críticas. Spiny y Giggy son dos parientes carnívoros que se ríen de los demás; y así, cada uno tiene un carácter que se fue moldeando con las apariciones en la red.

Fotografía es memoria

Sus imágenes de los comienzos de la transición democrática de Paraguay son parte de la memoria colectiva cuando se refieren a estos hechos sociales. Como forma de completar ese trabajo, fundó El Ojo Salvaje, el gabinete de autores que realiza el festival internacional Mes de la Fotografía en Paraguay. Algo nuclear para comprender tanto su forma de compromiso como su producción. En suma, es una ventana cultural que abre a un mundo de posibilidades como exposiciones de fotolibros, charlas, seminarios y otras actividades dirigidas a profesionales, aficionados y amantes de la fotografía de diversos países. Un encuentro que genera gran expectativa por lo sorpresivo de las situaciones, por la belleza inesperada y el tratamiento con que estas fotos exponen la realidad, desde distintas miradas.

El colectivo Ojo Salvaje parece haberse instalado como un referente en el registro visual de las múltiples realidades de nuestra sociedad, ¿lo considerás así?

En el próximo festival (el sexto), en setiembre de2018, El Ojo Salvaje cumplirá 10 años de su fundación. Desde el principio, en 2008, nos propusimos con El Ojo Salvaje crear esa referencia, de una manera amplia y participativa de todas las posibles variantes en los usos de la fotografía.

¿Qué reflexión sobre la profesión del fotoperiodista en Paraguay te han generado tantos años de carrera?

Creo que la mejor reflexión es mi propia obra que no se puede resumir en unas pocas palabras, el año que viene cumpliré 40 años en la profesión, y tengo la seguridad de haber hecho algunas cosas que resultaron útiles a la sociedad.

En la actualidad, ¿qué actividades te mantienen ocupado y qué proyectos tienes en mente?

En general lo que me ocupa es mi trabajo como fotoperiodista de la agencia AP. En esto, el 50 % es dedicado a deportes,suelo cubrir los partidos de fútbol internacionales, como Copa Libertadores, la Sudamericana y las eliminatorias al Mundial. El otro 50 % son noticias que tengan algún impacto en los medios internacionales. Antes viajábamos más, al menos por la región, ahora por motivos presupuestarios cada vez se viaja menos. Así me tocó cubrir un par de Juegos Panamericanos, en Río 2007 y Guadalajara 2011, la Copa del Mundo en Alemania 2006, el post terremoto en Haití en 2010, las crisis políticas en Bolivia, muchas de las elecciones generales en todos los países de la región, las venidas del Papa a Brasil y Paraguay, cumbres de presidentes muchas veces. En fin, la lista puede ser aburrida. Tristemente, lo más publicado de mi trabajo fue el incendio del Ycuá Bolaños, fue tapa en todo el mundo, no solo por la magnitud y cantidad de víctimas, sino también por la escasez normal de noticias los domingos. Una tarde a la semana me dedico a reunir a los alumnos del Taller de Ensayo Fotográfico, que dirijo desde hace más de 15 años. Por cierto, el 13 de diciembre expondremos los resultados del curso 2017 en el ICPA. Esta tarea docente, si bien me lleva poco tiempo en la semana, es la que más me alegra la vida en el terreno profesional, ya que me permite compartir mis conocimientos y experiencia a un grupo de personas de lo más variado e interesante, los trabajos que ellos desarrollan en el curso del año son un alimento para el espíritu de todos los que participamos. Mi tiempo libre estoy a full con la edición del primer tomo de los libros de #dinodinaseries y la producción del Festival “El Ojo Salvaje 2018, VI edición del Mes de la Fotografía en Paraguay”.

Esta nota forma parte de la revista High Class de Noviembre 2017

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